Opinión

«El calor que nos enferma»

Por: Gioconda Juez/ Wuanplus
Guayaquil Ecuador

 

 

El calor ha dejado de ser una simple conversación cotidiana para convertirse en un verdadero desafío para la salud pública. Las temperaturas extremas que soportamos en estos días no solo agotan el cuerpo y disminuyen nuestro rendimiento, sino que también favorecen la aparición de enfermedades, especialmente entre niños, adultos mayores y personas con padecimientos crónicos.

Paradójicamente, buscando escapar del calor, nos refugiamos en ambientes excesivamente fríos. Oficinas, centros comerciales, vehículos y hogares mantienen el aire acondicionado a temperaturas tan bajas que, en ocasiones, la diferencia con el ambiente exterior supera los diez o quince grados. El resultado es un permanente ir y venir entre dos extremos que el organismo no siempre logra asimilar.

Ese brusco contraste térmico puede irritar las vías respiratorias, provocar congestión nasal, dolor de garganta, tos, contracturas musculares y favorecer infecciones virales en personas más vulnerables. No es el aire acondicionado, por sí solo, el que enferma, sino el cambio repentino de temperatura y, en muchos casos, la falta de mantenimiento de los equipos, que pueden acumular polvo, hongos y otros agentes que afectan la salud.

Vivimos, entonces, una contradicción propia de estos tiempos. El calor resulta insoportable y buscamos el alivio del frío artificial; sin embargo, ese mismo alivio, llevado al exceso, termina convirtiéndose en un nuevo problema. Pasamos del sofoco a un ambiente helado en cuestión de segundos y repetimos ese ciclo varias veces durante el día, sometiendo al organismo a un esfuerzo constante para adaptarse.

Frente a esta realidad, la prevención se convierte en nuestra mejor aliada. Los especialistas recomiendan mantener el aire acondicionado entre 23 y 25 grados centígrados, evitando temperaturas excesivamente bajas. También es aconsejable no exponerse de manera inmediata al calor después de permanecer largo tiempo en un ambiente muy frío, hidratarse constantemente aunque no exista sensación de sed, vestir ropa ligera y de fibras naturales, protegerse del sol en las horas de mayor intensidad y procurar que los equipos de climatización reciban mantenimiento periódico.

El calor extremo parece haber llegado para quedarse como una de las consecuencias más visibles del cambio climático. Adaptarnos será indispensable, pero hacerlo con inteligencia será aún más importante. El confort no debe alcanzarse a costa de nuestra salud. Encontrar un equilibrio entre el alivio que ofrece el aire acondicionado y el respeto por las necesidades naturales de nuestro cuerpo puede marcar la diferencia entre disfrutar de un ambiente agradable o terminar enfrentando una enfermedad perfectamente evitable.

La mejor defensa frente a los extremos siempre será la moderación. Porque ni el calor abrasador ni el frío artificial deben imponerse sobre el bienestar de quienes simplemente intentan sobrellevar un clima cada vez más desafiante.