Opinión

El Bolero de Ravel

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com

Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

 

 

Abatido por una demencia frontotemporal – la misma enfermedad que padece el famoso actor Bruce Willis- Maurice Ravel compuso su célebre Bolero que es una de las piezas clásicas más escuchadas de todos los tiempos. Con las secuelas del insomnio y la fatiga, y a punto de perder el movimiento de sus manos, su celebérrimo bolero dibuja sobre el pentagrama el triunfo de la vida sobre la adversidad y traza sobre su partitura una clave misteriosa de esa pieza inmortal: según algunos críticos, el Bolero constituye una demostración semiológica, obsesiva, creciente, progresiva y fatal del mal de Alzheimer, una de cuyas expresiones es, precisamente, la demencia frontotemporal.

Se ha especulado con que el Bolero de Ravel narra un encuentro amoroso, desde la placidez y la ternura de las primeras caricias hasta la eclosión de las emociones y los deseos que configuran un orgasmo. Desde que se miran, los amantes saben que van a bailar un bolero que es una suerte de cifra y símbolo de su caducidad, pero, al mismo tiempo, de su plenitud. La aventura de la carne y el alma se reflejan en los compases y las notas en un in crescendo mágico que eleva al hombre y a la mujer hasta las insospechadas alturas del amor y del deseo.

Maurice Ravel, el loco, el frágil, pone música a un elemental rito de la humanidad, a sus momentos más líricos y épicos. Es como si trascendiendo los siglos y las distancias, viera a la sulamita sobre las alfombras de flores de todos los reinos que ha habido y que habrá en este mundo. Como si repitiera los versos del Cantar de los Cantares: “Es morena y hermosa, sus ojos son de palomas, su cabellera como un hato de cabras, sus labios un hilo de escarlata, su vientre un montoncito de trigo rodeado de azucenas, su hablar ameno, sus dos pechos como crías mellizas de gacela, no hay defecto en ella, sus labios gotean miel y hacen latir más mi corazón.”

Pese a su Bolero o tal vez por él, Maurice Ravel dijo: La única historia de amor que he tenido fue con la música. Ninguna mujer lo amó, aunque tal vez alguna bailó con él ese maravilloso Bolero en los burdeles de París. En la música el fondo y la forma son la misma cosa. El compositor romántico zarandeado por las limitaciones físicas y las desgracias expresó en la melodía inmortal de su Bolero, que sin la música la vida es un error, como afirmó Nietzche, porque el amor (que es la esencia de la vida) se revela y se sigue revelando a través de los tiempos como un cuerpo que se penetra y una conciencia impenetrable. En la celeste melodía, fondo y forma se superponen y se funden en un haz de luces y de sombras que nadie ve pero que todos sienten, en unos momentos con lentitud y en otros momentos con frenesí, como si fueran parte de sus más íntimos gritos y silencios.