Opinión

“EL BIEN Y LA MISERICORDIA ME SEGUIRÁN TODOS LOS DÍAS DE MI VIDA”

De: Gioconda Juez/Wuanplus
Guayaquil Ecuador

 

 

 

Hay frases que uno lee. Hay frases que uno recuerda. Y hay frases que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en una forma de vivir.

Para mí, una de ellas está en el Salmo 23:

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.”

Hoy no la digo solamente como una oración. La digo como una certeza que habita en mi corazón.

Porque he aprendido que la fe no significa que la vida estará siempre libre de dificultades. La fe significa saber que, aun cuando aparezcan los problemas, no estoy sola. Que puedo atravesar los momentos difíciles con la confianza de que Dios camina conmigo, me sostiene y me da fuerzas para continuar.

He vivido alegrías, pérdidas, preocupaciones, desafíos y momentos en los que parecía necesario comenzar otra vez. Y cada experiencia me ha enseñado algo que hoy considero fundamental: puedo caer, puedo cansarme, puedo tener miedo, pero siempre puedo volver a levantarme.

Y cuando digo:

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”,

siento que algo dentro de mí se ordena.

Siento paz.

Siento fuerza.

Siento esperanza.

Es como si esas palabras me recordaran que mi historia todavía tiene páginas por escribir y que no debo mirar el futuro con temor, sino con confianza.

Confío en Dios para mi vida, para mi familia, para mis hijos, para quienes amo y para cada uno de los caminos que todavía debo recorrer.

Le entrego mis preocupaciones, mis proyectos, mis sueños y también aquello que no puedo controlar.

Y mientras hago mi parte trabajar, luchar, decidir, insistir, amar y seguir adelante, dejo en Sus manos aquello que solamente Él puede resolver.

Porque para mí, tener fe no es quedarse esperando.

Tener fe es caminar.

Es levantarse cada mañana y decir:
“Hoy voy a seguir.”

Es mirar una dificultad y responder:
“Encontraré la manera.”

Es atravesar una incertidumbre y decir:
“Dios está conmigo.”

Es volver a empezar cuando sea necesario.

Es conservar la esperanza incluso cuando todavía no vemos la respuesta.

Y es agradecer no solamente por lo que ya tenemos, sino también por aquello que confiamos que llegará.

Hoy quiero que esta frase sea parte de mi vida entera.

Que me acompañe en mi salud, en mi familia, en mis proyectos, en mi trabajo, en mis decisiones y en cada nuevo desafío.

Que esté presente cuando tenga que ser fuerte.

Que me recuerde respirar cuando tenga preocupaciones.

Que me dé serenidad cuando algo no salga como esperaba.

Que me ayude a recordar que ninguna dificultad define toda mi historia.

Porque mi historia continúa.

Y mientras Dios me conceda vida, seguiré avanzando con fe, con dignidad, con esperanza y con el corazón abierto a las bendiciones que todavía están por llegar.

Hoy elijo creer.

Creo en la fuerza que Dios ha puesto dentro de mí.

Creo en la capacidad de volver a comenzar.

Creo en el amor que me rodea.

Creo en el futuro.

Creo en la protección divina.

Y, sobre todo, creo que el bien y la misericordia no son solamente palabras que repito: son la promesa de fe con la que quiero caminar todos los días de mi vida.

Por eso, cuando llegue un nuevo amanecer, volveré a decirlo:

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.

Y seguiré caminando.

Con fe.

Con fuerza.

Con gratitud.

Con esperanza.

Porque sé que Dios Todopoderoso va delante de mí, camina a mi lado y me sostiene cuando necesito fuerzas para continuar.

Y todavía tengo mucho por vivir, mucho por amar, mucho por crear y mucho por agradecer