Opinión

El Banco Mundial lo entendió, nuestro gobierno todavía no.

Ing. Agr. GONZALO GÓMEZ LANDIRES /Guayaquil

En un gesto más bien altruista, buscando desenredar los laberintos que detienen nuestro desarrollo, el Banco Mundial dedica uno de sus estudios socioeconómicos al Ecuador actual. Un país aletargado y aturdido entre las falencias y contradicciones de sus gobernantes, que no han sido capaces de discernir lo que se necesita para iniciar el camino a la prosperidad. Cada uno, a su tiempo, se preocupó más por fabricar imágenes: soberbio y omnipotente uno, bonachón y cuenta chistes otro, «yo no fui» y saca vueltas el siguiente, hasta llegar a los desafíos del pequeño Rambo.

Todos estos sueños insolentes nos han mantenido en un aturdimiento indescifrable, mientras el pueblo se desangra por una violencia incesante, con el lacerante peso del desempleo, la falta de medicina, un pésimo sistema educativo, una paupérrima infraestructura vial, sin servicios básicos siquiera, y una galopante pobreza que asfixia.

Diversos gremios profesionales vienen levantando la voz, señalando los problemas, identificando las causas que los generan y proponiendo alternativas de solución, pero nadie los escucha; algunos prefieren mirar hacia otro lado.

Pero al final, los vientos, con la misma habilidad que tienen para esparcir semillas en el campo, llevaron nuestras demandas hasta puerto seguro; y aunque no haya sido Carondelet, nuestros ruegos encontraron coincidencias con el Banco Mundial, que en su último informe oficial sobre Ecuador destaca tres sectores productivos como determinantes para el desarrollo socioeconómico del país. El primero refiere al sector agropecuario, debido a su capacidad para generar riqueza a través de la exportación, además de la producción para consumo interno que se constituye como el mayor potencial para multiplicar empleo y otras oportunidades laborales, tan necesarias para nuestro pueblo.

La minería y el turismo son las otras actividades que el Banco Mundial ha identificado como ejes para el desarrollo, y así lo recomienda al gobierno nacional.

Esto debería ser una buena noticia para marcar el inicio de la rehabilitación que tanto hemos demandado. Pero tenemos un problema, uno muy grande, y es que el rescate del sector agropecuario debería ser liderado por un ministro con conocimientos de producción en visión macro, con formación miscelánea, competencia y mucha, mucha experiencia. La producción bananera es muy importante pero es solo parte del sector; la competencia del ministro debería ser más amplia, mucho más… y no lo muestra.