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El arte de retocar al Niño Dios

Antes de Navidad,  talleres  de artes y oficios restauran niños Dios y otras imágenes de esta tradicional fiesta religiosa. José Medina se especializa en ello.

GUAYAQUIL. Sus pacientes no son de carne y huesos. Están hechos de madera, porcelana, yeso o fibra de vidrio.  Su clínica no está en Belén, sino en un populoso barrio de Guayaquil. En una equina ubicada en Seis de Marzo y Manabí.

El artesano del Niño Dios es José Medina, guayaquileño de 69 años, aprendió de su padre este oficio que para él tiene una historia añeja. La reparación de dedos es lo más común, pero cuando se trata de restaurar un rostro, el trabajo requiere más dedicación”, explicó.

Desde octubre empezaron a llegar los niños Dios y demás personajes del nacimiento: María, José, reyes magos. Mientras que en un pequeño puesto hecho de tabla y forrado de papel, José recibe imágenes que arriban, como a emergencia, con nariz, dedos, piernas y brazos  rotos o descoloridos. Es cuando empieza el regateo por el costo de la restauración que será según los daños y tamaño de la imagen, pero que oscila entre $3 y S$10.

El taller es pequeño, huele a diluyente y pintura. La vereda está repleta de divinos niños de todos los tamaños, vírgenes y santos que aguardan por sus dueños. Mientras apunta que la víspera de Navidad es la época más ocupadas para su negocio. Con una sonrisa dice que le ha tomado tanta dedicación a la restauración que hasta se olvida de almorzar y ni escucha las bocinas de los carros que ruedan a pocos metros por Seis de Marzo.

Sus herramientas básicas son la pintura, brochas, pinceles, tiza, cola y resina para pegar. También masilla para corregir daños como en un quirófano. A la vez que comentó que en los últimos tres meses ha remodelado apropiadamente unas 300 figurillas. “Mi esposa y yo tratamos de transmitir este arte a nuestros niños, no queremos que la tradición muera con las nuevas generaciones”, agregó.

Restaurar un Niño Dios para él tiene un significado muy importante, dijo, representa la prosperidad y una manera de redimirse, por eso es que todos los días ésta prestó recibir las personas que quieran reparar sus figuras.

Pensar en el retiro aún no está en la mente de este artesano porque quienes lo conocen lo consideran como “una reliquia”. Lleva tantos años en este oficio que ya sabe preparar figuras que llegan a sus manos completamente deshechas y al entregarlas quedan como nuevas.

Durante este proceso, José se asegura que la pieza no se desprenda y se concentra en darle color con pinceles muy pequeños y finos con los que aplica pinturas de aceite para evitar que se despinte la figura. Todo este procedimiento es a mano.

Cada detalle se hace con mucho cuidado, ya sea el delineado de las coyunturas del cuerpo, los ojos, los labios o los dedos, todo ello en un tiempo aproximado de dos a tres horas. En caso de que se trate de una figura muy pequeña —de 10 centímetros o menos— y el daño sea considerable, se llega a tardar un poco más de tiempo, alrededor de dos días.

“Hay que hacerlo con mucho cuidado. Hay que agarrar al niño como si fuera el pétalo de una rosa porque si lo agarra macizo se truena de algún otro ladito y hay que tener paciencia”, detalló. (DO/La Nación)