Opinión

El árbol de la vida y sus profundas connotaciones espirituales

Por: Lucy Angélica García/Portoviejo.

El árbol de la vida es uno de los símbolos kabalísticos más importantes del judaísmo. Está compuesto por 10 esferas (sefirot) y 22 senderos, cada uno de los cuales representa un estado (sefirá) que acerca a la comprensión de Dios y a la manera en que él creó el mundo

Sefirot es el plural de sefira, que en hebreo significa sendero, y según la Kabbalah judía representa los diez elementos de Dios a partir de los cuales se creó el mundo.

El número Diez representa el orden divino. Hay diez mandamientos para el hombre (Éxodo 20). El orden de Dios en las ofrendas es el diezmo (Deuteronomio 14:22.

La kabbalah nos enseña que estamos destinados a ser felices, que todo lo que experimentamos incluso los momentos dolorosos son parte de un gran plan en el cual todos podremos alcanzar un nivel de plenitud y felicidad constante
Respecto al amor la Kabbalah nos enseña que si realmente invertimos en la vida de pareja y aprendemos cómo desarrollar esa relación sólo entonces esto se llamará “amor”.

CÁBALA O KABBALAH no es una religión, es más bien considerada una corriente espiritual dentro de la religión judía, literalmente significa «recibir». Consiste en varios métodos para el análisis del libro sagrado de los judíos.»

Tiene gran influencia en nuestra vida porque nos enseña, por ejemplo, a comprender cómo funciona la vida y a ser conscientes de nuestra existencia. La Kabbalah se centra en ser cada día mejores personas, permanecer conectados con nosotros mismos, estar conscientes de la vida y dejar de actuar como si fuéramos robots o máquinas siguiendo un patrón de conducta.
Retomando el contexto del árbol de la vida desde la Kabbalah este está constituido por diez Sefirot o emanaciones.

Las 10 sefirot

Kéter (Corona. Providencia equilibrante).
Jojmá (La Sabiduría).
Biná (La Inteligencia siempre Activa).
Jésed (La Misericordia. La bondad, Grandeza).
Gevurá (La Justicia. Fuerza).
Tiféret (La Belleza, o piedra angular de la Estabilidad).
Netsaj (La Victoria de la Vida sobre la Muerte).
Hod (La Eternidad del Ser.
Yesod (El Fundamento. La Generación).
Maljut. (El reino, principio de las formas.

Ahora bien de que manera nos influyen en nuestra vida espiritual las 10 sefirot?
Veamos a continuación lo que representaban en estos siete grandes personajes de la historia bíblica.

𝟭.- Nuestro Patriarca Abraham. constituyó la personificación del atributo de 𝗝𝗲𝘀𝗲𝗱, Bondad. El alimentó y sustentó a todo el mundo con su inmenso amor, y con su abrumadora amabilidad los atrajo bajo las alas de la Shejiná. En su personalidad no había sentimientos de celos, crueldad u odio.

𝟮.- Nuestro patriarca Isaac, fue la encarnación de la 𝗚𝘂𝗲𝘃𝘂𝗿𝗮, Fortaleza. Por su intermedio fue introducido en el mundo el temor a Dios. Toda su fuerza estuvo consagrada al servicio y temor de Dios. En ello no vaciló. Cuando fue amarrado al altar, no fue su fe la que se estaba poniendo a prueba, sino la de Abraham.

𝟯.- Nuestro patriarca Jacob, fue la personificación de 𝗧𝗶𝗳𝗲𝗿𝗲𝘁, la Armonía. Todo lo que hizo fue realizado con simplicidad y perfección. Era puro en su relación con el Cielo y con sus padres. Todo lo realizaba de una especial manera armoniosa que se expresó tanto en su relación con Laván, en su relación con Esau y en su lucha contra el ángel. Estaba exento de engaño y traición. Podríamos pensar que fue deshonesto y falso con su padre Isaac, y su hermano Esau, pero la Torá (Génesis 25:27) atestigua su auténtica talla ante Dios y el hombre: Jacob era un hombre perfecto; una perfección nunca vista. Hay quienes parecen justos en su naturaleza y rectos en sus acciones, pero en realidad son corruptos. Por el contrario, aunque las acciones de Jacob puedan parecer a primera vista deshonestas, cuando analizamos detenidamente su personalidad encontramos que son el epítome de la gloria y la rectitud.

𝟰.-Nuestro maestro Moisés fue la encarnación de 𝗡𝗲𝘁𝘇𝗮𝗷 la Eternidad; la eternidad de la Torá. Todo lo que el hombre adquiere es pasajero. Pero si adquiere la Torá de otros, u otros la adquieren de él, es un bien con el cual se benefician tanto el dador como el receptor. No existe nada pasajero o temporario en relación con la Torá; así, Moisés -quien estuvo dispuesto a entregar su vida por la Torá- tuvo el privilegio de convertirse en su maestro y transmitirla a todas las generaciones.

𝟱.-Aaron personifica el atribuyo de 𝗛𝗼𝗱, Esplendor; amó la paz y luchó por ella, amó a la humanidad y la acercó a la Torá. Todo aquel que observaba el esplendor y la santidad de Aarón se veía estimulado a emular sus cualidades y forma de conducirse. Sobre él decía la gente: «Mirad a Aparón, quien aprendió Torá de su hermano menor y se regocijó en su grandeza sin envidiarlo. Cuán agradables son sus caminos y cuánto esplendor irradia de él».

𝟲.- José personifica el atributo de I𝗲𝘀𝗼́𝗱, Fundamento: la virtud de la moralidad. La piadosa moralidad de José era 0tan inmensa que logró el máximo nivel de santidad. Esta cualidad se denomina Fundamento pues es la base principal sobre la cual descansa el mundo. Si la generación del Diluvio no hubiera pecado desviándose del pilar de la moralidad, sus otras transgresiones no habrían sido consideradas motivo suficiente para traer la destrucción al mundo.

𝟳.-El Rey David fue la personificación del atributo de 𝗠𝗮a𝗷𝘂𝘁, Soberanía. David no alcanzó el reinado por sí solo. No llegó a ser rey en razón de su poder ni por su sabiduría, ni tampoco obtuvo la corona por herencia. Sólo Dios, el Rey de reyes, lo llevó de cuidador de ovejas a convertirse en el fiel pastor de Israel. Eligió a David porque Él sabía que, aunque recibiera la capacidad de ascender a las más insignes alturas, continuaría siempre sintiéndose un mero siervo.

David era humilde en todo momento cuando cuidaba sus ovejas, y cuando los reyes del oeste y del este acudían a su corte para honrarlo. Fue David quien coronó a Dios como Rey de la humanidad y fue él quien suministró al mundo los medios para alabar a Dios; el Libro de Salmos; El se regocijó en la grandeza de otros y la combinó con la propia para honrar a Aquel que es dueño de toda la grandeza.