Opinión

“El Amor en los Tiempos del Cólera»

Colaboración del Ab. Oscar Aguirre Medina/Guayaquil

En la novela: “El Amor en los Tiempos del Cólera» Gabriel García Márquez, parece habernos dejado un manual, para enfrentar el COVID, les invito a leerlo:

“Capitán, el niño está preocupado y muy incómodo debido a la cuarentena que el puerto nos impuso».

– ¿Qué te preocupa, muchacho? ¿No tienes suficiente comida? ¿No duermes lo suficiente?

– No es eso, Capitán. No puedo soportar el no poder desembarcar y el no poder abrazar a mi familia.

– Y si te dejan salir del barco y tus seres Amados se contaminan, ¿cargarías con la culpa de infectar a alguien que no puede soportar la enfermedad?

– Nunca me lo perdonaría, pero para mí que inventaron esta plaga.

– Puede ser, pero ¿y si no fue inventada?

– Entiendo lo que quiere decir, pero me siento privado de mi libertad, Capitán, me privaron de algo.

– Y tú te privas aún más de algo.

– ¿Está Usted, jugando conmigo?

– De alguna forma.

– Si te privas de algo, sin responder adecuadamente, habrás perdido.

-«¿Entonces quieres decir, como dices, que, si me quitan algo, para ganar debo privarme de otra cosa?»

– Exactamente, yo hice cuarentena hace 7 años atrás

– ¿Y de qué se tuvo que privar?

– Tuve que esperar más de 20 días en el barco.

– Había meses en que ansiaba llegar al puerto y disfrutar de la primavera en tierra.

– Hubo una epidemia.

– En Porto Abril, se nos prohibió bajar.

– Los primeros días fueron duros.

– Me sentí como tú.

– Pronto comencé a enfrentar esas imposiciones, usando la lógica.

– Sabía que después de 21 días de este comportamiento, se crea un hábito, y en lugar de quejarme y crear hábitos desastrosos, comencé a comportarme de manera diferente a los demás.

– Empecé con la comida. Me propuse comer la mitad de lo habitual. Luego comencé a seleccionar los alimentos más digeribles, para no sobrecargar el cuerpo. Comencé a nutrirme con alimentos que, por tradición histórica, habían mantenido al hombre sano.

– El siguiente paso fue agregar a esto una purificación de pensamientos no saludables y tener pensamientos cada vez más elevados y nobles.

– Me propuse leer al menos una página cada día de una discusión que no conocía.

– Me puse a hacer ejercicios en el puente del barco.

– Un anciano hindú, me había dicho hace años que el cuerpo mejoraba al retener la respiración.

– Me puse a respirar profundamente cada mañana.

– Creo que mis pulmones, nunca habían alcanzado tal capacidad y fuerza.

– La tarde fue la hora de la oración, el momento de agradecer a una Entidad Divina, por no haberme dado, como destino, privaciones graves durante toda mi vida.

– El hindú, también me había aconsejado que tuviera la costumbre de imaginar que la luz entraba en mí y me hacía más fuerte.

También podría funcionar para los seres queridos que estaban lejos, por lo que también integré esta práctica en mi rutina diaria en el barco.

– En lugar de pensar en todo lo que no podía hacer, estaba pensando en lo que haría una vez que llegara a Tierra firme.

– Visualizando las escenas de cada día, las vivía

– intensamente y disfrutaba de la espera.

– Todo lo que podemos obtener en seguida, rápido, no es interesante.

– Esperar, sirve para sublimar el deseo y hacerlo más poderoso.

– Me privé de comidas ricas, botellas de ron y otras delicias. Me habían privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de practicar el ocio, de pensar solamente de lo que me estaban privando.

– ¿Cómo terminó, Capitán?

– Adquirí todos esos nuevos hábitos. Me dejaron bajar del bote mucho más tarde de lo esperado.

– ¿Se privó de la primavera, entonces?

– Sí, ese año me privaron de la primavera y muchas otras cosas, *pero aun así florecí, llevé la primavera, dentro de mí y nadie me la puede quitar.”

Gabriel García Márquez