Opinión

El amigo secreto

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com
Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil

 

 

 

 

Tal vez en Ecuador no se practique pero en el Perú es casi una tradición en los medios laborales públicos y privados: el amigo secreto. Se juega cerca de la Navidad y en las distintas áreas de cualquier oficina. Por sorteo, cada quien escoge al azar un compañero o compañera de trabajo a quien dejará subrepticiamente pequeños presentes en los días previos al acordado en el que en una reunión de amistad y camaradería, le entregará su obsequio de Navidad cuyo valor pecuniario ha sido anticipadamente coordinado por todos.

La Navidad es la efemérides del afecto. En todos los niveles y, por cierto, también en el laboral pues se trata del ambiente en el que uno comparte varias horas de su día a día. Forma parte de lo que se suele llamar el espíritu navideño, una sensación de paz y de ventura en el nombre del niño que nació, transeúnte, en uno de los pueblitos más pobres de Palestina.

Ciertamente, ese espíritu es de comunión. No de neurosis y de aquella exultación que caracteriza, por lo general a los centros comerciales, sino de serenidad y regocijo porque la familia se une, porque los compañeros de trabajo y los amigos de toda índole, se unen también y se abrazan en el nombre del amor que hace llevadera la vida.

Entre los papeles y las oficios, las órdenes de compra y los proveídos, de las oficinas hay en estos días algo nuevo pero que es tan antiguo como la condición humana. Somos gregarios por naturaleza, la tribu es nuestra querencia natural. Nuestra alegría tiene que ser compartida para ser completa. Para intentar asirla por unos momentos con las manos.

Lo saben Gina, Berly, Indira, Jorge, Alfonso, Keiko, Lucy, Luis, Marina, Mónica, Oscar, Patricia, Paul y yo.. Y, por supuesto Papá Noel. Y el niño de Belén de Judea.