Opinión

EL ALCALDE QUE GUAYAQUIL ESPERA

MSc. Brenda Mendoza Pimentel
FORO AGROPECUARIO ECUATORIANO.

Guayaquil atraviesa un momento decisivo de su historia. Más allá de las diferencias políticas, existe un sentimiento compartido entre  sus ciudadanos: el deseo de recuperar la confianza en quienes tienen la responsabilidad de dirigir la ciudad. Los guayaquileños no solo buscan un administrador eficiente, sino un líder cercano, íntegro y capaz de unir voluntades para enfrentar los grandes desafíos que hoy afectan a la urbe.

El perfil del próximo alcalde debe estar marcado por la honestidad, la transparencia y el compromiso con el servicio público. La ciudadanía espera una autoridad que escuche antes de decidir, que recorra los barrios, dialogue con los diferentes sectores tanto residenciales como urbano marginales, los jóvenes, los adultos mayores y las organizaciones sociales, comprendiendo que las mejores  soluciones nacen cuando se gobierna junto al pueblo.

Asimismo, Guayaquil necesita un alcalde con visión de futuro. La seguridad, la generación de empleo, la recuperación de los espacios públicos, la movilidad, el cuidado del medio ambiente incluyendo incremento de espacios verdes que mitiguen los calores que está trayendo consigo el calentamiento global y el fortalecimiento de los servicios básicos deben convertirse en prioridades permanentes y  no en promesas de campaña. Gobernar implica planificar con responsabilidad y ejecutar con eficiencia, pensando siempre en el bienestar colectivo.

Pero, sobre todo, los guayaquileños anhelan un liderazgo que devuelva la esperanza. Un alcalde que inspire confianza con sus acciones, que rinda cuentas con humildad y que demuestre que es posible construir una ciudad más segura, inclusiva y próspera. La grandeza de Guayaquil siempre ha estado en el esfuerzo de su gente, en su espíritu emprendedor y en su capacidad para levantarse ante las dificultades.

Hoy existe una nueva oportunidad para escribir una historia diferente. Si el próximo alcalde gobierna con valores, cercanía y una  visión de largo plazo, Guayaquil podrá reencontrarse con su potencial y consolidarse como una ciudad donde cada ciudadano sienta orgullo de vivir y confianza en el futuro