Tecnociencia

El agua es una bebida muy saludable. Pero unos investigadores de Harvard han encontrado otra igual de sana: el café

A menudo, las cosas no son buenas solo por lo que son, sino también por lo que sustituyen

El universo está lleno de bebidas de todos tipos, sabores y colores. Sin embargo (y por mucho que nos pese), la bebida reina sigue siendo el agua. O, al menos, la más saludable: baja de calorías, fácilmente disponible en el grifo más cercano y capaz de restaurar todo ese líquido que perdemos mientras… vivimos.

Pero no solo de agua vive el ser humano, claro.

Así que la pregunta que se hace todo aquel que quiere darse un homenaje (o sustituir la botella de agua por otro líquido) es: ¿hay vida más allá del agua?

En Harvard creen que sí. El Nutrition Source es una web del Departamento de Nutrición de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard dedicada a dar información de calidad sobre alimentación y nutrición. En ella podemos encontrar dos alternativas tan saludables como el agua y la verdad es que son bastante sorprendentes: el café y el té.

Espera… ¿café? Exacto: café. Como hemos comentado en otras ocasiones, la ciencia contemporánea ha dejado claro que la idea de que el consumo de café (con cafeína) aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares o cáncer es un mito. Es más, según explican los investigadores de Harvard, «el consumo de 3 a 5 tazas estándar de café diariamente se ha asociado consistentemente con un riesgo reducido de varias enfermedades crónicas».

Además, el café es una bomba de posibilidades. No solo despeja despeja la mente y quita el sueño bloqueando la acción de la adenosina. Este es un neuromodulador que tiene efectos sedantes e inhibitorios en el sistema vascular y el nervioso central; también «activa la dopamina y actúa sobre la  circunvolución del cíngulo anterior». Vamos, que mejora la memoria ejecutiva, la atención y  la concentración; nos ayuda en la planificación y el seguimiento de tareas y, por si fuera poco, acelera los tiempos de reacción.

Además, si lo tomamos solo, es agua con cosas.

Está claro que no es una opción para todos. «Algunos individuos pueden no tolerar bien la cafeína debido a síntomas de nerviosismo, ansiedad o insomnio», nos recuerdan desde Harvard. Tampoco es recomendable para «aquellos que tienen dificultades para controlar su presión arterial». Pero, en términos generales, es una opción sorprendentemente saludable y, por la imagen que tenemos de él, puede resultar sorprendente.

La otra es el té. El té también tiene mala imagen. Justificadamente, en algunos casos. En 2016, la OMS declaró que beber té podía causar cáncer. Lo que ocurre es que se refería a una práctica muy común en algunas culturas: la de beber té tremendamente caliente.

Y es que lo problemático es la temperatura. El té (sea negro, verde, oolong o blanco) es una maravilla y las infusiones de hiervas otra — pero sin cafeína.

¿Qué tiene de bueno el té? Hay una gran cantidad de estudios observacionales que relacionan el consumo de 2-3 tazas de te con un riesgo reducido de «muerte prematura, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares o diabetes tipo 2». Ya sabemos que correlación no implica causalidad, pero (mientras mejora nuestro conocimiento científico sobre ella) ayuda a hacernos una idea de qué impacto tiene.

No obstante, lo mejor de estas dos bebidas no son ellas mismas. Son lo que sustituyen. Beber mucha agua (o té o café) hace que estemos hidratados, que tengamos menos sed y que, por tanto, nos apetezca menos consumir otro tipo de bebidas menos saludables (ya sea por su contenido en azúcares o en alcohol).