Opinión

El Adagio in Sol minore

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com
Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

Fue Sarajevo y ahora puede ser Mariupol. Acaba de caer un obús frente a la panadería y los ha matado a todos. Veintitrés personas que esperaban el pan y no la muerte. Smailovich, el Primer Violín de la Sinfónica de Yugoslavia corre hacia el tumulto. Tendido está un amigo que algo le quiere decir y que no puede. Sigue estallando la pólvora en la calle. No le importa morir esta mañana.

Va a casa por su violín y vuelve a la fatídica esquina a interpretar el adagio de Alvinoni. Veintitrés días, uno tras otro, tocando a la intemperie mientras caen las bombas y la noche. Está loco, le dicen: ¿No ven que los morteros no descansan?. Son ellos los locos, les replica: ¿No ven que Smailovich, el violinista, está tocando?

Parecía que el egregio violinista no hacía nada más que creer, como se debe, en la sentencia de Nietzche: sin la música la vida es un error. Como Angela Kalisnik lo ha hecho recientemente en una de las tiendas, acaso ya para siempre cerradas en Mariupol en donde vendía flores: vivir es florecer. Es verdad que todos los días alguien muere o se quiebra en las calles en silencio.

Lo mismo da frente a una panadería que en la cola del cine. Sin estruendo y aviso. Herido de muerte por el desamor. Abrasado por el incendio de los días. La guerra tiene sus obuses, pero la vida también. No destruyen ciudades pero derriban ilusiones. A veces lentamente con la fatalidad de las horas. A veces de un solo golpe con la precisión de un disparo.

¿Qué hacer frente a los escombros en uno y oro caso? El arte y la solidaridad pueden marcar la diferencia o tal vez hacer las cosas por amor al arte que es, creo yo, la esencia de todas las religiones y los inconformismos. Sobre las ciudades en calma y sobre las ciudades bombardeadas. En el amanecer y en el ocaso.

El celebérrimo Adagio in Sol minore per archi e organo su due spunti tematici e su un basso numerato di Tomaso Albinoni, es una pieza cuyo verdadero origen señala que ni es barroca ni es de Alvinoni sino de un musicólogo  italiano Remo Giazotto que, al parecer en base a una breve partitura del compositor barroco, la compuso en 1945. No importa mucho, creo. Desde entonces, se han hecho tantas versiones y ha sido empleada en tantas bandas sonoras que casi no hay quien no haya sido alcanzado por su extraordinaria belleza y melancolía. Yngwie Malmsteen, guitarrista del heavy metal y el grupo The Doors tienen interpretaciones increíbles.

El arte les ha permitido resistir a algunos tocados por la gracia de  un adagio, o de un poema o de una tela que como las de Van Gogh traspasaban el alma hasta llegar al insondable hoyo que somos. En una calle gris o soleada de cualquier sitio o en medio de las bombas en tantos Sarajevos y Mariupoles que deflagran nuestro mundo