Opinión

EDUCAR O INSTRUIR: UN DESAFÍO A SUPERAR

Mg. Lilian Alarcón Durán /Portoviejo-Manabí

 

En la actualidad, la disyuntiva entre educar o instruir adquiere una relevancia crítica, especialmente en contextos donde hay más derechos que obligaciones para los estudiantes, corrupción, violencia e inseguridad social, y presencia de bandas delincuenciales que reclutan menores para actividades ilícitas, constituyen una amenaza constante.

Educar e instruir son términos que a menudo se utilizan sin distinción, pero en realidad, poseen significados distintos. Instruir se refiere al proceso de impartir conocimientos específicos y habilidades técnicas. Es una labor fundamentalmente académica que busca preparar a los chicos para desempeñarse en una variedad de tareas y profesiones. Por otro lado, educar implica un enfoque más holístico, orientado al desarrollo integral del joven, incluyendo valores, ética y comportamiento social respetuoso.

En un entorno social donde la corrupción y la inseguridad son rampantes, la instrucción por sí sola resulta insuficiente. Los niños y jóvenes no solo necesitan adquirir conocimientos técnicos, sino también desarrollar un juicio moral sólido y habilidades sociales que les permitan desempeñarse en un mundo lleno de desafíos éticos. En este contexto, la educación se convierte en una herramienta indispensable para fomentar la resiliencia y la capacidad crítica de los estudiantes.

El problema de los derechos excesivos de los estudiantes también debe ser abordado con cuidado. Si bien es crucial proteger los derechos de los jóvenes y proporcionarles un ambiente seguro y justo, es igualmente importante que aprendan sobre sus responsabilidades y las consecuencias de sus acciones. Un sistema educativo que solo instruye, pero no educa, corre el riesgo de producir ciudadanos técnicamente competentes, pero moralmente deficientes.

Además, donde las bandas delincuenciales buscan reclutar niños para actividades ilegales, la educación juega un papel crucial en la prevención. Educar a los niños sobre los peligros de las drogas y la violencia, y proporcionarles alternativas significativas, es esencial para alejarlos de las influencias negativas. La instrucción académica debe ser complementada con programas educativos que promuevan la autoestima, el pensamiento crítico y la capacidad de tomar decisiones informadas.

Para revertir esta situación, es necesario un compromiso real y sostenido por parte de todos los actores involucrados en el sistema educativo. El Estado debe garantizar una adecuada inversión en educación, priorizando la transparencia y el uso eficiente de los recursos. Los docentes necesitan recibir una formación continua y de calidad, que les permita no solo instruir, sino también educar integralmente a sus estudiantes. La comunidad educativa, incluyendo a padres y estudiantes, debe fomentar una cultura de paz, trabajo, compromiso ético y colaboración.

En las actuales circunstancias que se vive, la diferencia entre educar e instruir se vuelve más relevante que nunca. La instrucción es necesaria, pero la educación es indispensable. Solo a través de una educación integral que abarque tanto el conocimiento técnico como el desarrollo moral y social, se conseguirá preparar a los jóvenes para enfrentar y superar los desafíos de este entorno conflictivo.