Opinión

ECUADOR SE HACE RESPETAR

Mg. Lilian Amarilis Alarcón Durán
Portoviejo-Manabí/Ecuador

La incursión a la embajada de México por parte de la policía de Ecuador, donde se había asilado Jorge Glas Espinel, ex vicepresidente del país, es un acontecimiento que pone de manifiesto la determinación del gobierno ecuatoriano de afirmar su soberanía y hacer valer el respeto a sus leyes y decisiones judiciales. Este incidente, que tuvo lugar en un contexto de tensiones políticas y legales, despierta fuertes debates sobre la autonomía de los Estados, la diplomacia y los derechos humanos.

En primer lugar, es fundamental comprender el contexto que condujo a esta intervención; Jorge Glas Espinel, ex vicepresidente del país, enfrentaba dos sentencias judiciales ejecutoriadas por corrupción. Ante el riesgo de ser arrestado, buscó refugio en la embajada de México en Quito. Sin embargo, el gobierno ecuatoriano decidió revocar su asilo y permitir que la policía ingresara a la embajada para detenerlo, debido a un «riesgo real de fuga inminente», lo que generó una polémica tanto a nivel nacional como internacional.

Desde la presidencia se expone que la detención se había llevado a cabo porque México había abusado de las inmunidades y privilegios concedidos a la misión diplomática, pero el mensaje que envió estaba en consonancia con el enfoque de mano dura para hacer frente a la violencia de bandas delincuenciales y la corrupción en el país.  Es un claro mensaje que esta acción se fundamenta en el principio de que ningún individuo está por encima de la ley y en el respeto a las decisiones judiciales. Esta disposición, aunque polémica, envía una recomendación clara: en Ecuador, las leyes se aplican de manera equitativa y sin distinciones de cargo o estatus.

Sin embargo, la irrupción de una embajada plantea interrogantes sobre el respeto a la soberanía y la inviolabilidad de las misiones diplomáticas. Si bien Ecuador justifica su acción en base a motivos éticos y legales, algunos críticos argumentan que se violaron normas internacionales de hace 70 años y se socavó el principio de determinación de los gobiernos. Este debate resalta la delicada balanza entre la aplicación de la ley y el abuso de ciertos países de facilitar asilo a delincuentes sentenciados. Entonces surge la necesidad de que los países tengan claro que el asilo se otorga a perseguidos por causas políticas, religiosas y sociales.

Este incidente determinó el rompimiento de las relaciones diplomáticas entre Ecuador y México. Cabe recordar que López Obrador, presidente de México ha dado cobijo en su país a prófugos de la justicia, y rebaso todo respeto al Ecuador con declaraciones sobre el asesinato del excandidato presidencial Fernando Villavicencio y las aparentes derivaciones electorales de ese crimen. No podemos permitirle expresiones de mofa a la dignidad del Ecuador.  Esas aseveraciones ofenden al Estado y a los ecuatorianos que creemos en la libre determinación de los pueblos en democracia y respaldamos el accionar del Presidente Noboa. Es claro que hubo intromisión en los asuntos internos del país por parte del gobierno de México.

La incursión de la embajada de México por parte de la policía ecuatoriana por el caso de Glas Espinel, refleja la importancia de garantizar que todos los ciudadanos, independientemente de su posición política o social, sean responsables ante la ley. En última instancia, Ecuador envía un mensaje claro:  su territorio, se respeta y se hace cumplir la ley.