Opinión

Ecuador entre pseudopolíticos bailarines

Comandante Raúl Hidalgo Zambrano/Guayaquil

El proceso para elegir o reelegir las nuevas autoridades seccionales empezó con la designación de aspirantes por parte de partidos y movimientos políticos, en las denominadas primarias; lo que intensificó la crítica abierta en medios de comunicación, redes sociales y conversaciones personales sobre los políticos más visibles como bailarines, elocuentes, juglares, danzarines, glosados, sentenciados pero amnistiados, y nuevos en la escena política.

En la sociedad que vivimos debe ser natural el análisis crítico sobre los que aspiran a gobernar los diferentes espacios de poder político, para asistir a las urnas con el mayor conocimiento posible; pero lo perverso es la calumnia, la campaña sucia y mentiras que se tejen alrededor de los aspirantes que muchas veces incluyen a miembros de su núcleo familiar, y lo más malévolo que amparados en el anonimato y libertad de expresión usen las redes sociales para hacer daño, y haya cómplices que retrasmiten sin reflexionar.

Este comportamiento, no es solo nuestro, fue analizado por el filósofo inglés John Locke (1632-1704) considerado uno de los precursores del Liberalismo Clásico; expuso: que la propiedad es un derecho fundamental desde que la especie humana se fue domesticando y comenzó a vivir como familia en cabañas y con vecinos, así, las personas se acostumbraron a ver cotidianamente las virtudes y defectos de los demás, a criticar dando paso a la desigualdad, y para ser representados decidían por: «Aquel que mejor cantaba o bailaba, o el más hermoso, el más fuerte, el más diestro o el más elocuente, fue el más considerado».

¿Cuál es la orientación para escoger a quienes nos gobiernen? Podríamos escoger entre algunas ideologías, por ejemplo: El Liberalismo clásico de Locke. Una revolución propuesta por filósofo suizo-francófono Rousseau (1712-1778), que instaure una nueva regla de administración del orden social del Estado, garantizando la educación pública, además, condenó las instituciones existentes, propiedad privada, religión, autoridades de gobierno y clases sociales. El comunismo del filósofo alemán-judío Karl Marx (1810-1883), para que los trabajadores manejen los medios de producción a través del Estado, sin clases sociales. El populismo político que jura defender a los pobres y sus aspiraciones, que lo practican actualmente los políticos de izquierda a derecha.

En nuestro país prevalece el populismo, practicada por pseudopolíticos elocuentes y hábiles en tarimas, pantallas o redes sociales, con el objetivo de administrar los fondos públicos; para ello, hasta se arrodillarán públicamente jurando defender a los pobres y reclamando el voto popular. Muchos están seguros que la impunidad campea.

También, existe una lucha por dominar las cinco funciones del Estado, la Contraloría y Fiscalía General. Estos días la Superintendencia de Bancos está en los colmillos de asesores gubernamentales, asambleístas y quienes se beneficiarían de la designación del superintendente.

Ojalá los electores de las 24 provincias, 221 cantones y 1499 parroquias, vayan diferenciando entre los bailarines y quienes en realidad vayan a servir.