Opinión

Ecuador de locos entre petróleo, gasolina y diésel

Por: Cmte. Raúl Hidalgo Zambrano

 

 

El petróleo y sus derivados como la gasolina, el diésel y otros mueven al mundo desde finales del siglo XIX, cuando en 1859 en Estados Unidos-Pensilvania se perforó el primer pozo comercial y se vendía en barriles de madera de vino o aceite; luego se estableció el barril de 42 galones o 159 litros como unidad de medida comercial. Este barril pesaba 136 kg, que podían levantar dos hombres; 20 barriles se acomodaban en un vagón del tren; hoy se transporta por oleoductos y grandes buques.

También se lo denomina “oro negro” por la similitud a la fiebre humana producto de la codicia por el oro, que conlleva conflictos y guerras. Desde que se comenzó a refinar y comercializar, se estableció una cadena de valor con una pendiente ascendente con variaciones de precios. Un ejemplo es la actual guerra entre los Estados Unidos y aliados contra Irán, por el control del 20 % de petróleo que atraviesa en megabuques por el estrecho de Ormuz (golfo Pérsico).

Ecuador petrolero está sintiendo los efectos de la guerra. Estos serían menores si explotáramos más petróleo; la cifra de producción es de unos 380.000 barriles por día; en años pasados era de unos 520.000 bb/d. La caída se debe al activismo ecológico de un grupo autodenominado “Yasunidos”, que logró cerrar los pozos de ITT en el oriente; a la poca inversión para mejorar la producción de los campos existentes y a la burocracia obstaculizadora en el sistema de compras públicas y de la misma empresa de petróleos.

Tenemos dos refinerías pequeñas, con muchos años, Shushufindi y La Libertad, y una más grande en Esmeraldas, con muchos años, que podría procesar unos 110.000 barriles diarios, transformándolos en gasolina, diésel u otros combustibles. Según información pública, solamente produce un 40 %; a pesar de que se han invertido unos 2.700 millones de dólares en su repotenciación, parte de ese dinero fue a parar en la corrupción revolucionaria. Últimamente, la refinería es noticia por los incendios.

La gasolina, diésel y otros se transportan por poliductos que son “pinchados” por ladrones que comercializan a través de gasolineras cuyos propietarios son cómplices. Asimismo, usan embarcaciones para abastecer, por ejemplo, a la flota pesquera china, en alta mar. En la asignación de cupos de combustibles y subsidios también hay denuncias. El subsidio se eliminó; sin embargo, ha regresado para compensar los precios internacionales de compra. El conjunto de estas actividades fortalece el contrabando.

En conclusión, tenemos petróleo u “oro negro” con reducida explotación por acción de ecologistas (Yasunidos) y burócratas; una refinería en Esmeraldas “repotenciada” por un grupo político revolucionario-delincuencial, que se incendia de vez en cuando; unos poliductos de transporte de combustibles que son “pinchados” por los delincuentes; y contrabandistas por tierra y mar, algunos conocidos y aceptados por la sociedad y autoridades civiles, policiales y militares (solo el caso triple A está en proceso judicial). En resumen, tenemos un país incomprensible, de locos y levantando presión hacia un estallido.