Opinión

Ecos del paro del 21N

Por: Andrés Hurtado García – Colombia.

 

“Yo haría lo mismo que los grandes ladrones de Colombia, los que disfrutan en sus hogares del amor de sus esposas, o amantes e hijos en casa por cárcel; ocurre que no soy gerente de un instituto y de una gran empresa ni soy alto funcionario del Gobierno. Rico pa’ ellos, no devuelven el dinero robado y después de unos años salen de la casa (o sea, de la cárcel) y viven felices todo el resto de su vida gastando las millonadas que robaron a todos los colombianos”. Así me decía un hombre de la calle que, obviamente, no estudió en universidades colombianas y menos aún en Harvard, Columbia, Oxford o Cambridge, como algunos de los grandes ladrones del Estado.

Entre todas las razones, válidas muchas, otras no tanto y algunas totalmente fuera de sentido, que tuvimos para protestar el 21 de noviembre, la que más me indigna es la corrupción generalizada que vivimos. Casi todos los días, los medios de comunicación nos traen el doloroso reporte de otro escándalo de corrupción, y no de tres centavos, sino de miles de millones de pesos.

La justicia colombiana, al condenar a casa por cárcel y a no devolver lo robado, está sencillamente incitando a los colombianos a robar y nos demuestra hasta la saciedad que la Constitución es letra muerta cuando proclama que todos los colombianos somos iguales. Sí, unos más iguales que otros.

¿Por qué para los más pícaros hay cárceles de cinco estrellas y para los demás, pudrideros en vida? ¿Por qué los primeros gozan de todas las comodidades en sus ‘cárceles’: televisores, celulares, buena comida, mientras que el resto de los colombianos se marchitan hacinados en condiciones infrahumanas?

Un prestigioso médico amigo mío preguntaba a un concejal electo por el dinero gastado en la campaña y cómo iba a recuperarlo para pagarlo. Y el muy cínico contestaba: “Cuando ejerza debo sacar dinero para cinco cosas: pagar a los que me prestaron dinero, a los que me ayudaron, para pagar el libro que me rebajará la pena carcelaria que deberé pagar cuando me condenen por robo, para sostener a mi familia mientras esté en la cárcel y para vivir tranquilamente el resto de mis días cuando salga de la prisión”.

Los que protestamos lo hicimos contra la corrupción y porque estamos ‘hasta aquí’ de los políticos y sus mañas; realmente, el culpable de esta situación no es solamente Iván Duque, sino todo el sistema que vivimos desde hace muchos años.

Se hizo una consulta sobre la corrupción, y en ella pedimos a los senadores y representantes que se rebajaran los escandalosos sueldos, y contestaron que era “antiético” hacerlo. Para mí, este fue el chiste del año. Al parecer, también atenta contra los más elementales preceptos de la ética subir el salario mínimo a los trabajadores.

¿Tendríamos que seguir destruyendo el país con marchas vandálicas durante un mes para que los honorables senadores y representantes se rebajaran el sueldo a la mitad, como acaban de hacerlo los legisladores de Chile urgidos por la ira y la indignación de los ciudadanos en las calles? Por lo demás, lamentable y repudiable la actitud de Petro durante el paro.