Opinión

ECONOMÍA DE LA AGRICULTURA DE PRECISIÓN

Ing. Agr. Freddy Amores/Guayaquil

Consultor en investigación agrícola
famores.ec@gmail.com

 

El deterioro ambiental, masiva emigración de la población rural y escasa capitalización del Agro pone en riesgo la  producción de alimentos y materia prima. En el mismo orden, Tierra, Trabajo y Capital son recursos escasos que deben asignarse siempre a la mejor opción productiva para maximizar la creación de valor; el concepto central de la economía. Los seres humanos crean herramientas, es decir Capital, para enfrentar la escasez de recursos y ganar  eficiencia; el Capital se clasifica en tangible (maquinas, infraestructura, insumos, etc.) e intangible (conocimiento, métodos, procesos). La Agricultura de precisión integra ambos y aminora la presión de los costos, aumenta el  rendimiento y amplia el retorno de la inversión. Aunque es un tema de actualidad, la falta de claridad sobre su rol promotor de la eficiencia, y la idea de que es una tecnología costosa y compleja (drones, fotografías aéreas, imágenes espectrales, sensores, maquinas con inteligencia artificial, etc.) aplicable en grandes superficies cultivadas, levanta un muro que desalienta su adopción para dinamizar la economía de las pequeñas fincas; el análisis en la presente nota busca reducir la altura del muro.

El conocimiento y control de la variabilidad espacial y temporal del ambiente es el fundamento de la Agricultura de  precisión; la determinación de los patrones de variabilidad permite la asignación más precisa de los recursos productivos, optimizando costos y conquistando eficiencia. La variabilidad espacial tiene varias fuentes: relieve del terreno, calidad del suelo, contenido de humedad, presencia localizada de plagas y malezas, etc. La variabilidad  temporal nace de los cambios ambientales durante el desarrollo de los cultivos. La variabilidad de la calidad del material de siembra y operativa también son dimensiones amenas al manejo con Agricultura de precisión y serán abordadas en otra ocasión. A continuación, se interpretan resultados de experiencias locales que ilustran el efecto de la variación espacial y temporal en la producción del maíz; además, estas experiencias pueden ser referentes para visualizar y analizar problemáticas similares en otros cultivos.

La variabilidad espacial es una característica del terreno que integra el suelo y demás factores ambientales. Hay un sistema de clasificación, nada complicado, que agrupa los terrenos de acuerdo con su capacidad productiva, pero  recibe poca atención, si es que recibe alguna. El riesgo de erosión hídrica del suelo es un criterio con mucho peso para valorar la capacidad productiva de los terrenos; sin embargo, encontrar campos de maíz con manejo conservacionista del suelo para enfrentar este problema, es como buscar una aguja en el pajar. La erosión arrastra la capa superficial de mayor contenido nutritivo, desgastando (una forma de descapitalización) el suelo que es capital construido por la naturaleza y activo económico más importante de la producción agrícola; como tal demanda cuidado y mantenimiento (igual que hacemos con nuestra casa o el auto). Las consecuencias ambientales, económicas y sociales de la descapitalización del suelo deberían disparar las alarmas a nivel local, regional y nacional, pero no suenan. Los suelos saludables son un factor de competitividad para el comercio de bienes agrícolas; la Agricultura de precisión y regenerativa suman para reforzar este factor y sumarian más con políticas  para guiar e incentivar la innovación en esta dirección.

El rendimiento de maíz retrocede en terrenos inclinados con suelos poco profundos y vulnerables a la erosión. La  aplicación de fertilizantes, y en general el uso de agroquímicos en “plancha”, es una práctica habitual que nutre la  ineficiencia en el uso de los recursos productivos. Un estudio en el corazón maicero del Ecuador revelo que por cada kg de nitrógeno (N) aplicado en un terreno plano se cosecharon 59 kg de grano; más allá, en un terreno con 25% de pendiente, cada kg de N rindió 41 kg de maíz; la brecha es notoria. Además, cada dólar del monto total invertido en el cultivo tuvo márgenes positivos iguales a USD $ 0.97 y USD $ 0.44, en terrenos plano e inclinado; los márgenes no están nada mal, pero la diferencia oculta un potencial para alcanzar mejores resultados económicos ajustando la dosificación y aplicación del fertilizante. La variabilidad espacial también se refleja en la incidencia heterogénea de plagas y malezas en diversos sectores del terreno, no importa si es plano o inclinado; al cuestionar la aplicación temprana de insecticidas en ausencia del gusano cogollero, la plaga más importante del maíz, la respuesta usual “se aplica por prevención” deja un mensaje desalentador: gasto sin retribución y mayor riesgo de contaminación ambiental.

El recorrido diario y a pie (reemplaza a los drones) de campos cultivados en las pequeñas fincas permite dibujar un croquis a mano, al tiempo que facilita la observación, identificación y medición de la variabilidad; durante el recorrido se usa el celular para sacar fotos de las diferencias encontradas y aportar con más valor informativo que se anota en la parte correspondiente del croquis; a la cosecha se muestrea el rendimiento para establecer diferencias entre lotes y los números también se anotan. Todo es válido para aumentar la precisión con la que se asigna el Capital al proceso productivo, en este caso los agroquímicos; el análisis del suelo, mejor con soporte profesional calificado, es una valiosa herramienta para formular dosis más precisas de los fertilizantes. Con toda la información colectada y notas personales aclaratorias en el croquis, o escritas en páginas adicionales que también se adjuntan, se organiza una carpetita con caratula robusta que soporte la manipulación en campo; la carpeta debe estar siempre a la mano para consulta rápida ¡y así es como ponemos en marcha nuestro proyecto de Agricultura de precisión!

Aunque reinventarse y comprometerse con este accionar puede ser cuesta arriba al inicio, al final termina siendo divertido; lo más importante es no perder de vista el objetivo: mejoras en la asignación de los recursos y resultados económicos más atractivos.

El descenso del rendimiento del maíz con las siembras tardías es un claro efecto de la variación temporal sobre la dinámica del reciclaje nutritivo, microbiología del suelo, precipitación, luz solar y otros factores ambientales que determinan el desempeño del cultivo. La productividad de la Tierra, Trabajo y Capital se resiente con las siembras tardías; la siembra oportuna coincide con inicio de las lluvias, una vez que el perfil del suelo esta humedecido hasta una profundidad de 5-10 cm; la observación del avance del frente de humedad en el perfil del suelo en los cortes de carretera es la mejor manera de decidir el momento de la siembra (aún cuantifico “al ojo” los milímetros de lluvia recibidos y volumen de agua retenido practicando esta observación).

Una investigación en la zona de Quevedo demostró que las siembras quincenales de maíz, coincidiendo la primera con el inicio de las lluvias, rindieron menos y menos grano en respuesta al nitrógeno (N) aplicado: 69 kg de maíz/kg N (diciembre 30), 54 kg/kg N (enero 15), 31 kg/Kg N (enero 30), 17 kg/kg N (febrero 15) y 11 kg/kg N (marzo 2). Además, la eficiencia decreciente con las siembras atrasadas aumenta el riesgo de contaminación de los cuerpos de agua con nitratos, un problema de salud ambiental y humana que no recibe atención. Siguiendo el mismo orden temporal de la siembra, el rendimiento de maíz por cada m2 fue: 0.9 kg, 0.7 kg, 0.4 kg, 0.2 kg y 0.1 kg. Las cifras demuestran que el descenso de la productividad de la Tierra y el Capital fue brusco; no hay mucho que pensar antes de concluir que la productividad de la mano de obra (familiar y contratada) también retrocedió. Son cifras reales (el autor de esta nota realizo el estudio) y locales que muestran a la variabilidad temporal del ambiente como una gran fuente de ineficiencia y dispendio. Claro, detrás de las siembras tardías hay una problemática compleja (ambiente, financiamiento, insumos a destiempo, mano de obra escasa y otras ocupaciones del productor) que obstaculiza la asignación y uso eficiente de los recursos; pero todo tiene una solución.

Pequeñas pruebas de campo permiten asociar a los productores con la tecnología y enrumbarlo en el uso de la Agricultura de precisión, compartir opiniones, medir e interpretar indicadores, estimar cosechas, analizar costos y retornos, etc.; es la mejor manera de capacitar y aprender (a mis 74 años sigo aprendiendo). Es necesario la implementación de proyectos integrales de largo aliento en superficies comerciales (sin encuentros en aulas u oficinas), con la participación de MAG, GAD’s, Universidades, Centros Agrícolas y productores para promocionar innovaciones que minimicen las ineficiencias. La difusión (usando un lenguaje simple, cotidiano, atractivo, con toques emocionales y animado con trabajo directo en fincas) de los principios de las ciencias agronómica y económica que gobiernan la Agricultura de precisión, puede convertirse en un componente clave de dichos proyectos. Entender cómo funciona la ciencia, naturaleza y tecnología empodera al capital humano, el más importante recurso productivo, en estos tiempos en que la baja competitividad de nuestra agricultura amenaza la soberanía alimentaria e incentiva las importaciones que drenan la economía dolarizada (enero 8/2024)