Opinión

Dueña del cielo

Ana Clara Amábile

Desde Buenos Aires-Argentina para La Nación de Guayaquil-Ecuador.

 

Esa perla arrogante y altiva observa

un planeta despedazado, renovado a la vez.

Esa altiva dama nunca perdona

a los poetas sumidos en pleno éxtasis

a los románticos muertos en vida,

a los niños que supieron alzar la vista.

Esa reina estelar llamativa y hechicera

en cada faz viste únicos ropajes de plata.

Esa estampa de “nomeolvides” atrapa

a los desprevenidos jóvenes enamorados

a los ancianos que aún alzan su vista al cielo

a los perdidos que saben que solo verte queda.

A tí, dueña del cielo, te alabo

porque alivias la pena de presos nocturnos

como avivas la llama de agónicos fogoneros.

Sigue alardeando esa estampa eterna,

escondiéndote a veces para augurar tu falta,

apareciendo otras con tu sonrisa breve.

 

A tí, señora encantada, una vez más te reto

a escuchar sin juzgar sueños rotos,

a observar la alegría de los que vieron tu luz,

a jugar con las sombras un amoroso encuentro.

 

A tí, dueña de la fantasía, que lloras muda

con lentes de nube negra la desdicha,

que eres cómplice del más deseado anhelo

para abrazar soledades en pleno vuelo.