Opinión

Duele lo que nos sucede como ciudadanos.

Dr. Jorge Norero González/Guayaquil

Las horas de tragedia y profunda corrupción que vive la Patria en todos sus niveles y ámbitos, nos debería doler a todos los hijos de esta bendecida tierra, convertida en paraíso de sinvergüenzas, cínicos, corruptos, farsantes, asesinos y narcoterroristas…

Me duele el alma los discursos de redención por temas de derechos humanos y supuestos legalismos, para justificar una aparente independencia de funciones, cuando en la práctica aquello resulta violaciones flagrantes a sus competencias y exigencias insustituibles en el sostenimiento de las estructuras del estado, la reafirmación de principios y valores, conculcados por turbios pactos de gente hipócrita y sin ningún apego a sus compromisos y su palabra respetuosa del honor y la dignidad.

Que pretendan engañar declarando que son demócratas, por no actuar para impedir una violación flagrante en la libertad de un delincuente sentenciado, argumentando que no le cae bien, que habló mal de él quince años, pero se hace el imparcial en esa trama de delincuentes que permitieron su libertad y fuga ilegal, es dejar que un incompetente mandatario tenga en sus manos los destinos de nuestras vidas, que a todas luces, no somos lo suficientemente importantes y valiosos, como para que se empeñe en cumplir todas sus promesas y ofertas, que ahora resultan imposible de cumplir…

Me duele el alma tanto, que mi tristeza me obliga a mirar el cielo esperando una señal ante tanta infamia.
Semper Fi.