Opinión

Droga de la corrupción

Luis Hidalgo Vernaza

luishidalgov@gye.satnet.net

El país está invadido de todo tipo de droga. El ingenio de los expendedores los ha llevado a inventar mezclas que resultan unos bombazos que colocan en órbita y transportan a otras dimensiones a los consumidores, en muchas circunstancias con pasaje directo a la muerte.

La corrupción florece en el país cada día más y tiene diferentes presentaciones. Ya no solo está en forma de coimas como resultante de contratos de obras de infraestructura que se construyeron en los años de bonanza, sino que se la observa en el tráfico de influencia, remuneraciones sin devengar y hasta en los pases de los policías a   otras dependencias.

La captura de droga es noticia diaria en el país. Con seguridad la cantidad que sale debe ser muchísima mayor que lo capturado, mientras el consumo interno sigue acrecentándose.

 Los casos de corrupción y de levante de los dineros de los ecuatorianos deben ser inimaginables y sus montos incuantificables ante lo que hoy se revela, y que pasaran hacer son solo pequeñas raterías.

En una de sus últimas alocuciones en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco afirmaba que: “la corrupción es una droga que produce dependencia y genera pobreza, explotación y sufrimiento”.

Algunos se comportan con la corrupción como con las drogas: “piensan en poderlas usar y dejarlas cuando quieren”. “Pero se comienza con poco, una pequeña suma aquí, un soborno allá…y entre esta y aquella lentamente se pierde la libertad, produciendo dependencia y generando pobreza, explotación y sufrimiento”, afirmo Francisco.

Es necesario elegir entre dos caminos: “la honestidad y la deshonestidad, la fidelidad y la infidelidad, el egoísmo y el altruismo, el bien y el mal”; y que no se puede “oscilar entre uno y otro.” Indico el Papa.

En el Ecuador como en otros países con sistemas políticos y doctrinas similares, los actos de corrupción son comunes en esta última década. La pérdida de los valores en los sectores gubernamentales y principalmente en quienes tiene como responsabilidad la conducción de las naciones, está siendo evidenciado en Argentina, Brasil, Honduras, etc.

El ser humano es muy propenso a olvidar y no señalar a los corruptos que ilícitamente se hicieron de bienes con dineros mal ávidos.  Los corruptos se pasean orondamente exhibiendo con cara dura su corruptela y asisten a reuniones donde con invitados comparten amigablemente y hasta festejan sus fechorías.

Pero si bien la corrupción es un mal endémico y cuya existencia es tan antigua como la humanidad, nada es eterno en esta tierra. Tarde o temprano se llevará a los corruptos a la justicia, pero no la justicia donde ellos han metido la mano, sino ante aquellos jueces probos, que no tengan temor a perder el puesto y que esperemos tener en el país.

En Argentina la mafia Kirchnerista que gobernó durante una década está siendo acorralada y cada día se descubren más atracos. En Ecuador los colegas   les levantan monumentos y los condecoran en la Asamblea, distinción que representa la corrupción y que es concedida por legislativo que no representa al pueblo de ecuatoriano.

  Brasil con el Comandante MAXIMO de la corrupción, Lula, se defiende de lo indefendible, aduciendo no haber recibido dineros de coimas, pero las propiedades adquiridas o remodeladas son imposibles de ocultar. Su alumna Dilma no pudo contra las evidencias que exhibieron sus opositores, pero el gobierno ecuatoriano salió al frente en defensa de una supuesta democracia.

El tiempo es un enemigo inexorable que no perdona, como no se perdonara a los atracadores. Las próximas elecciones y los cambios asustan a los corruptos.

Se busca dividir a las FFAA, únicos garantes de la democracia y de los comicios de febrero del 2017; preocupa su silencio ante el ingreso de armas supuestamente donadas y al picnic de instrucción que se dan a plena vista en lugares públicos.

Hay dos géneros de corrupción: uno cuando el pueblo no observa las leyes, y otro cuando el pueblo es corrompido por las leyes y sus gobernantes, con ambos es difícil de luchar, pero se debe buscar la forma de hacerlo.

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