Opinión

¿Dónde comienza y termina la ficción de la campaña de Rechazo en Chile?

Las últimas semanas antes del plebiscito de salida, en el que Chile decidirá si aprueba o rechaza una nueva Constitución, no han estado ajenas a las polémicas que suscita la franja electoral, una tradición que existe en algunos países donde la televisión abierta transmite la campaña audiovisual de cada opción todos los días, en dos bloques horarios, durante el mes previo a la votación.

En Chile, este espacio suele generar expectativas, pues no solo se plantean las propuestas, sino que además el tono y sello de cada franja ocupa la agenda mediática dependiendo del discurso y las personalidades —políticos, actores, actrices, líderes de opinión o influencers—, que aparezcan en ella. Además, en este proceso intenso de proselitismo que caracteriza a las campañas electorales, la franja es un espacio para cortejar a los electores, proyectar las propuestas con creatividad y mostrar lo mejor de cada alternativa para seducir al eventual votante. Pero en ese espacio existe un mínimo común implícito que se espera de cada opción: el pacto de honestidad con los electores.

La emisión del video generó de inmediato una gran controversia. Las redes sociales no tardaron en explotar con la indignación de quienes interpretaron el mensaje como una revictimización de quienes han sufrido ataques de odio. “No denunciar un acto violento no es un acto de amor. Es permitir que la violencia siga campeando libremente en nuestro territorio nacional”, dijo Isabel Amor, directora ejecutiva de la Fundación Iguales.

Al día siguiente, el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) acumulaba más de 400 denuncias por el contenido del spot. Hace un año el país registraba un aumento de 14.7% de los casos y denuncias por homofobia y transfobia, y hace apenas una década impulsó la conocida como Ley Zamudio, que establece medidas contra la discriminación y que lleva su nombre en honor a Daniel Zamudio, víctima de un crimen de odio. Con estos antecedentes, es un desafío constante para autoridades, organizaciones de la sociedad civil y de derechos humanos impulsar campañas para incentivar que quienes sufren estas violencias se atrevan a confiar en las instituciones y en la justicia denunciando a sus agresores. Por eso resulta, como mínimo, irresponsable, contraproducente y rebuscado que el Rechazo enviara este mensaje de impunidad.

Dos meses antes de la franja televisiva, una campaña dirigida por la misma productora y difundido por internet, mostraba distintos testimonios que aseguraban haber votado por el Apruebo en octubre de 2020, pero que ahora votarían Rechazo en el plebiscito de salida por no estar de acuerdo con el resultado del texto redactado por la Convención Constitucional. Voceros del Rechazo lo difundieron en sus redes sociales, asegurando que se trataba de testimonios reales. Horas después, sin embargo, una de las participantes aseguró en sus redes sociales que se trataba de una interpretación como actriz y que había sido pagada por la productora.

The Washington Post