DON MANUEL ERAZO PINTO: EL POETA QUE LE ESCRIBIÓ VERSOS A LA VIDA.
Ing. Agr. Mauro Erazo Vélez. Presidente del Foro Agropecuario Ecuatoriano. Presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Ecuador. Docente Universitario
Hay hombres que no visitan un lugar, lo habitan para siempre. Así fue don Segundo Manuel Erazo Pinto en Los Perales y San Vicente: no pasó por sus calles, se volvió parte de ellas, de su gente y de sus sueños. Hablar de su vida es revivir la historia misma de ese rincón donde el estuario, la poesía y el trabajo se dieron la mano.
Le decían el poeta del cementerio, y no era un apodo cualquiera: entre las tumbas y el silencio encontró su musa, ese lugar donde otros solo ven despedidas y él supo ver versos. Escribía como quien reza, con la certeza de que las palabras bien puestas también son una forma de honrar a los que ya no están.
Pero don Manuel Erazo no vivió solo de poesía. Fue pescador de manos curtidas por la sal y el sol, comerciante de palabra firme, y sobre todo, padre. Tuvo más de diez hijos, y a cada uno le enseñó lo mismo con el ejemplo antes que con el discurso: que estudiaran, que trabajaran, que caminaran derecho por la vida. Su frase más recordada, «lo ajeno se deja quieto», no fue jamás un simple decir de pueblo: fue la brújula de una familia entera. Y la prueba está escrita en los años: cinco generaciones después, ningún Erazo ha sido detenido por delito alguno. Eso no se improvisa, eso se hereda.
Como todo hombre de pueblo, cargó también con sus propios vicios, esos que tantos llevan sin vergüenza por costumbre. Pero don Manuel tuvo la fuerza o la gracia, como él mismo la llamaba, de dejarlos atrás. Los últimos diecinueve años de su vida no probó el cigarrillo ni el alcohol. Se fue limpio, sereno, directo a los brazos del Eterno, como quien cierra un poema con el verso más honesto que guardaba para el final.
Hoy, cuando se pronuncia su nombre en Los Perales o en San Vicente, no se habla de un recuerdo lejano, sino de una presencia que sigue caminando entre su descendencia. Su legado no está solo en las actas ni en las anécdotas: está en cada hijo, cada nieto, cada bisnieto que repite, quizás sin saberlo, la misma verdad que él predicó con su propia vida.
Gracias, don Manuel Erazo Pinto, por sus versos, por su ejemplo y por su vida entera.
