Opinión

Don corrupto se internacionalizó

Uriel Ortiz Soto

urielos@telmex.net.co

Diario El Espectador de Colombia

Definitivamente don “corrupto” en un abrir y cerrar de ojos se internacionalizó, extendió sus tentáculos  a varios países de América Latina, casi que podríamos decir como representante de Odebrecht, esto por ahora, puesto que faltan datos de otros países del planeta tierra, ya vemos cómo hasta presidentes y expresidentes están temblando por la acción de la justicia, por haberse dejado sobornar de Odebrecht para la adjudicación de contratos.

El caso Odebrecht está estremeciendo el mundo, todos los días aparecen nuevas evidencias de cómo la corrupción tiene desbordados los más altos índices de incredibilidad de la mayoría de los gobiernos de América Latina, todo indica que continuarán apareciendo nuevas evidencias, que muy seguramente pondrá en aprietos a varios gobiernos de nuestro entorno democrático y del mundo.

Por esta columna hemos hablado mucho de don “corrupto” lo identificamos como un personaje bonachón, pero de alma perversa, que trabaja intensamente las veinticuatro horas del día, para llevar mermelada a funcionarios del sector público y privado; por la magnitud de sus ofertas, no necesita trabajarlos mucho, puesto que son tan proclives, que mantienen sed de “mermelada” a flor de labio, sin importar lo que después se les venga encima.

Nuestro País está tan encartado con este personaje, puesto que ha extendido sus tentáculos a todos los sectores de la vida nacional; – empresas públicas y privadas-, son abordadas para que le presten su concurso de sumisión y obediencia a cambio de buenas mordidas, siendo finalmente los ciudadanos paga impuestos, los más perjudicados, puesto que los dineros para las obras de desarrollo en sus municipio y regiones, se quedan en el bolsillo de los  funcionarios corruptos.

¿Qué pasará finalmente con todo esto? Indudablemente que debe haber una respuesta con soluciones a bordo, los organismos de control deben ser lo suficientemente rígidos en estos casos, puesto que en nuestro País, no es solamente el caso Odebrecht, hay varios chanchullos,  saqueos y peculados del mismo o superior tenor, como por ejemplo: el robo a la salud, el caso de interbolsa, Estraval, entre muchas otras inequidades, que tienen asustada y postrada a la ciudadanía que se pregunta: ¿qué es lo que nos está pasando? Por lo tanto no podemos seguir con soluciones de aguas tibias, tenemos que reaccionar removiendo la conciencia nacional, para decir a nuestros gobernantes que les exigimos más respeto y claridad con sus actos de gobierno.

Es obvio que todo debe investigarse hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga, aplicarle todo el peso de la ley, no podemos seguir admitiendo semejante vergüenza nacional con tentáculos internacionales, cuando Colombia es mirada como un País de inmensos recursos naturales con grandes posibilidades de desarrollo, pero, lamentablemente se están marchitando, puesto que sus dirigentes se han dedicado es a la consecución del dinero fácil.

Por eso no es exagerado decir que nuestro País requiere de un vuelco total a todas sus instituciones democráticas, puesto que son tan corruptas que muchas veces se pisan las mangueras entre ellas mismas, provocando lo que se llama el “choque de trenes” que en realidad de verdad debería llamarse: choque de los vagones de la corrupción, donde van almacenadas toneladas de mermelada para la mayoría de quienes los dirigen.

¿Qué país vamos a dejar a nuestros hijos, a las presentes y futuras generaciones? Es la pregunta que nos debemos hacer los ciudadanos de bien, ya llevamos varias generaciones levantadas y educadas bajo los recovecos de la corrupción, puesto que heredaron de sus mayores los vicios de apoderarse de los bienes del Estado, que son patrimonio de todos y que bien administrados nos benefician de igual manera.

Para lograr este objetivo hay que hacer la reforma política, que tanto hemos pregonado por esta columna, pero, que hasta la presente fecha, no son más que saltos al vacío.

Para lograrlo, los ciudadanos de bien nos debemos unir en una sola voz y en una sólida organización, con el fin de combatir, sin violencia, pero con decisión e ideas claras a los corruptos, empezando por la clase política.

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