Opinión

Domingo de Ramos: humildad y transformación

Por: Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa, un período de profunda reflexión y espiritualidad para millones de personas en todo el mundo. Este día, conmemoramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, un evento lleno de simbolismo y significado que nos lleva a reflexionar sobre la naturaleza del liderazgo, la humildad y la voluntad divina.

La imagen de Jesús montando un humilde burro mientras es aclamado por la multitud contrasta fuertemente con las expectativas de la sociedad de su época. En lugar de entrar como un conquistador terrenal, montando un caballo de guerra, Jesús elige un animal humilde, simbolizando su naturaleza de siervo y su reino espiritual. Este gesto desafía las normas sociales y políticas de su tiempo, recordándonos que el verdadero poder reside en la humildad y el servicio desinteresado a los demás.

En un mundo obsesionado con el poder y las riquezas, el Domingo de Ramos nos recuerda la importancia de la humildad en el liderazgo. Jesús, a través de su ejemplo, nos enseña que el verdadero liderazgo no se trata de dominar a los demás, sino de servirles con amor y compasión. Nos desafía a examinar nuestras propias actitudes hacia el poder y el servicio, recordándonos que la grandeza se encuentra en la capacidad de amar y servir a los demás, especialmente a los más vulnerables y necesitados.

Además, el Domingo de Ramos nos llama a reflexionar sobre la voluntad divina y el propósito de nuestras vidas. Jesús sabía que su entrada a Jerusalén marcaría el comienzo de su camino hacia la crucifixión, el sacrificio supremo que redimiría a la humanidad según el plan divino. Su voluntad de someterse a este destino nos desafía a aceptar los planes de Dios para nuestras propias vidas, incluso cuando van en contra de nuestras expectativas y deseos personales.

En medio de la celebración y el regocijo del Domingo de Ramos, es crucial recordar el verdadero significado detrás de este evento. No se trata simplemente de una procesión festiva, sino del inicio de un viaje espiritual hacia la redención y la transformación. Debemos reflexionar sobre nuestras propias vidas y a renovar nuestro compromiso de seguir el ejemplo de Jesús, viviendo con humildad, amor y servicio hacia los demás.

El Domingo de Ramos es más que una simple conmemoración histórica. Es un recordatorio poderoso de los valores fundamentales del cristianismo: humildad, servicio y entrega a la voluntad divina. Que este día nos inspire a vivir de acuerdo con estos principios, transformando nuestras vidas y nuestro mundo para mejor.