Opinión

Doctoras de la Iglesia Católica

María Verónica Vernaza G./ Guayaquil

La semana pasada escuché sorprendida que el Gobierno Nacional no había logrado una participación equilibrada de hombres y mujeres en su gabinete y en los distintos puestos claves del país. Me sorprendió porque, más allá de si necesitamos 50 % de espacios ocupados por mujeres, lo que realmente necesita el país es poner en esos puntos estratégicos personas capacitadas para liderar.

Me entró la curiosidad sobre la paridad de género en la religión católica y entonces hice una búsqueda rápida por internet sobre los llamados Doctores de la Iglesia, de un total de 36 solo 4 son mujeres. No encuentro a ninguna feminista haciendo lobby en el Vaticano para lograr una mayor equidad, pero no importa, de lo bueno, poco.

La española Santa Teresa de Ávila, fue la gran reformadora de la orden carmelita, fundó 17 monasterios de monjas y 16 de frailes. Sus escritos son numerosos destacándose El camino de perfección y Las moradas, además de sus conocidos poemas como Nada te turbe o Vivo sin vivir en mí. El gran escultor barroco, Gian Lorenzo Bernini, nos dejó para la posteridad su obra El éxtasis de Santa Teresa, reconociendo su misticismo. Fue nombrada doctora por San Pablo VI en 1970.

La italiana Santa Catalina de Siena no era monja, pertenecía a la orden dominica terciaria. Es considerada como una gran política, ya que abogó por la paz en las ciudades italianas y logró que el papado regresara a Roma luego de casi 70 años. Denunció la corrupción y su única obra fue Diálogo. Sus biógrafos indican que desde muy pequeña tuvo visiones y que en 1375 obtuvo los estigmas invisibles que igual le causaban gran dolor. Fue nombrada doctora también por San Pablo VI en el mismo año.

La francesa Santa Teresita del Niño Jesús, carmelita, quiso desde muy pequeña entrar al convento como sus cinco hermanas mayores. Sus padres, Luis Martin y María Celia Guérin, son el primer matrimonio canonizado de la era moderna. Historia de un Alma es su principal escrito, redactado bajo obediencia. Aunque nunca salió de Francia, es patrona de las misiones. Ella reconocía que en las pequeñas cosas se podía alcanzar el cielo. San Juan Pablo II la nombra doctora en 1997.

La Alemana Santa Hildegarda de Bingen, abadesa benedictina del siglo XII, es un personaje en todo el significado de la palabra. Fue mística, política, compositora, escritora, filósofa, científica y médica. Sus visiones comenzaron desde muy temprana edad y eran parte de sus conocimientos varios: “simultáneamente veo y oigo y sé, y casi en el mismo momento aprendo lo que sé”. Posiblemente, todavía falta por descubrir más sobre ella. El Papa Benedicto XVI la nombra doctora en el 2012.

En este momento hay algunos nombres que se mencionan como posibles candidatos a doctores de la iglesia. El vaticanista Sandro Magíster destaca algunas mujeres como Santa Brígida de Suecia, Santa Margarita María Alacoque, Santa Verónica Giuliani, Santa Faustina Kowalska y Santa Teresa Benedicta de la Cruz. ¿Cuál sería tu preferida?