Opinión

¡DIRIGIR BIEN AL DEPORTE…!

Por: Mario Ponce Lavalle – Quito

! Hace casi un mes, nos llegó desde el mítico y lejano Japón, la alegría de volver a ver a varios ecuatorianos, ¡en la cima de un podio olímpico!

Esta vez, a manos de dos ecuatorianos “dorados” que brillan con luz propia: RICHARD CARAPAZ lo hacía a finales de julio, y NEISI DAJOMES durante los primeros días de agosto; a ambos les cupo el histórico honor, de hacer escuchar en el Imperio del Sol naciente, las sagradas notas de nuestro Himno Nacional, al tiempo de ver izar nuestro tricolor, ¡por todo lo alto…!

¡Habían pasado 25 largos años -desde que el inmenso JEFFERSON PÉREZ lo consiguiera- para volver a sentir esa emoción y orgullo por nuestros deportistas…! Gesta que no quedó solamente allí, pues a las pocas horas del superlativo triunfo de NEISI, otra “dura” de la halterofilia, TAMARA SALAZAR, le brindaba al Ecuador una nueva alegría, al lograr la medalla de Plata, en su categoría.

Estos tres ecuatorianos, deportistas de excepción, escribían así, la mayor y mejor página olímpica de nuestro país, desde aquel lejano 1924, donde tres de nuestros compatriotas, lo hicieron por primera vez, ¡en la bella ciudad de Paris…!

Pero… sorpresivamente, para el ecuatoriano común, pronto llegaron las declaraciones cargadas de REPROCHES Y AMARGURAS, contra la dirigencia de cada uno de aquellos deportes laureados; aclaraciones que han dejado a flor de piel, el escaso apoyo de las Federaciones Nacionales de ciclismo y halterofilia, a estos privilegiadamente dotados compatriotas, que aún así, con las limitaciones e incomprensiones que han señalado, han sido capaces de lograr los mejores triunfos a nivel olímpico.

En tal virtud, vuelve a salir a la luz -quedando en plena evidencia- la poco fructífera labor de las Federaciones Nacionales por deporte, generalmente a cargo de “figurones oportunistas” cuando no de “pipones burocráticos” que sin haber sido nada en el deporte que dirigen, hacen de esta actividad dirigencial, una manera de modus vivendi, o también, de peldaño para objetivos privados, cuando no políticos.

Duele sobremanera escuchar que, frente a aquel sacrificio diario, que exige entrenamiento continuo, muchas veces incluyendo sacrificio personal y familiar, todavía se escuchen acusaciones a dirigentes que aprovechan una contienda de máximo nivel, como es una Olimpiada, para “incluir” en nómina de viaje, a la “esposita” o a la “amiguita” para ir a hacer turismo, con la plata de la Federación respectiva, ¡o del Ministerio del Deporte…!

¿Dónde está el elemental control, que el Estado tiene que realizar, para que esto NO suceda? ¿Acaso no es una inmoralidad monumental, dejar plantado en el país, a un entrenador, masajista o técnico asesor, que ha venido durante años, trabajando a diario con los deportistas, para en vez de eso, subir al avión a una de estas féminas, que ni labor de “cheerliders” pueden hacer…?

¡Estas taras tercermundistas tienen que terminar…! Tamara, Neisi y Richard, oriundos del Carchi y de Pastaza, todos ellos provenientes de familias de estratos económicos bajos, nos están demostrando qué hay madera en el Ecuador, por todas partes…! ¡Y que es un deber y obligación gubernamental, desburocratizar al deporte y profesionalizar su manejo…!

Conozco de casos que indignan: deportistas que viajan en bus, para competir en el Paraguay, mientras los dirigentes lo hacen en avión, ¡para que no se enronchen sus rosadas posaderas…! (caso real denunciado a mi persona durante estos mismos días…)

Esto, se debe terminar, y agarra al nuevo gobierno en buen momento, no solo porque dispone de todo el tiempo para hacerlo, sino también, porque el ministro de Deportes es un deportista en activo…

Yo pienso, qué un primer paso para ir corrigiendo estas anomalías absurdas sería: incorporar dentro de la mediocre y burocratizada Ley del Deporte vigente, una disposición que exija, lo siguiente: “Para ser presidente de una Federación Nacional por deporte, se debe demostrar, el haber sido un cultor de primer nivel, o de primera categoría, en ese mismo deporte”

Tengo la seguridad de que, solamente quien sepa de primera mano y conozca cada deporte por dentro, habiéndolo cultivándolo en niveles de excelencia, podrá cuidar debidamente de los recursos asignados; e igualmente, imprimir planes coherentes para su manejo.

Quien haya sido un correcto y buen deportista, será con seguridad un honesto administrador, pues uno de los valores agregados que se consigue al haber sido deportista de élite, es el alto nivel de ética y respeto por lo que hace y logra un deportista, día a día, en base al sacrificio personal.