Opinión

Dios Busca y te Espera

Por: Yovana Cárdenas Lino

Desde Lima, Perú, para La Nación de Guayaquil, Ecuador.

 

En el Evangelio de Lucas, encontramos una imagen poderosa del amor incondicional de Dios, representado a través de las parábolas del pastor que busca a la oveja perdida, la mujer que busca la moneda extraviada y el padre que espera al hijo pródigo.

El capítulo 15 de Lucas nos muestra el amor de Dios, que trasciende las barreras del tiempo y el espacio para abrazar a cada uno de nosotros en nuestro estado de pérdida y arrepentimiento. Somos la oveja perdida que el pastor busca incansablemente, la moneda que la mujer busca con fervor y el hijo que, en su lejanía, finalmente vuelve. Lo más importante de todo es que Dios sigue siendo el Padre que busca, espera y abraza.

Sin importar cuán lejos nos hayamos alejado o cuán perdidos nos sintamos, Dios siempre está allí, esperándonos con los brazos abiertos. El amor de Dios es inquebrantable y eterno, capaz de superar todas nuestras faltas y errores.

Estas parábolas nos desafían a adoptar una perspectiva radicalmente diferente: la del amor incondicional y la gracia abundante de Dios. Pues, no importa cuán oscuro sea el valle por el que atravesamos, siempre hay una luz brillante de amor divino que nos guía hacia el hogar.

El mensaje de Lucas 15 nos llama a la unidad y la reconciliación. Además, hay que reconocer que todos somos amados hijos e hijas de un Padre amoroso. En última instancia, estas parábolas no solo nos ofrecen consuelo en tiempos de dificultad, sino también un mandato para llevar ese mismo amor incondicional a los demás en nuestro propio actuar diario.

Que podamos recordar siempre el mensaje transformador de Lucas 15: que somos amados más allá de toda medida y que, a través de ese amor, podemos encontrar redención y esperanza. Que podamos vivir nuestras vidas como testigos de este amor, extendiendo la mano a aquellos que están perdidos y necesitados de reconciliación, y celebrando con gozo cada regreso al Padre.