Opinión

Dibu y Bonil

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

Estoy segura de que nadie tuvo un viernes trece como Bonil, pero sólo él podía hacer de lo acontecido en esa fecha una entretenida caricatura.

Para los que se hacían la idea de que con un poco de talento, creatividad, unos años en la escuela “Bellas Artes” y una pizca de suerte traerían consigo un futuro promisorio en el ámbito profesional de los caricaturistas en Ecuador, les cuento: eso está muy lejos de ser así, señores.

Vámonos acostumbrando a ver como se convierte esta profesión en un hobbie (pasatiempo) de casa, que cuando quiera salir por las puertas y ventanas estará condenado a ser perseguido por aquellos que no soportan ser representados a través de un lápiz y un papel de forma divertida o jocosa.

Referirnos a este tema es mirar con lupa toda la revuelta alrededor de una caricatura que llamó nuestra atención en días anteriores, y eso es simplemente de locos; más aun repasar los argumentos fuera de contextos que se le suministraron a esta trama para cuestionar desde un punto de vista más polémico un problema que nada tiene que ver con el color de la piel;  más bien nos desvirtúan de temas que necesitan esa atención valiosa que demanda nuestra sociedad en pleno presente: la pobreza, el analfabetismo, el narcotráfico, la delincuencia, entre tantas otras cosas que nos están volviendo elementos de caos.

¡Si tan solo nos hubiéramos enfocado en la poca preparación del Asambleísta!

Me acuerdo que cuando estaba en la escuela en la televisión había una novela Argentina que se llamaba Dibu (Mi familia es un dibujo). Era la primera comedia Argentina que tenía un dibujo animado como personaje central y que a su vez interactuaba con el resto de actores reales. La trama se centraba en un montón de aventuras y la dificultosa tarea de la familia por ocultar a este dibujito para que nadie lo descubriera.

¿Por qué menciono esto?

Pues creo que así se debe sentir Xavier Bonilla al crear a sus múltiples “Dibus” diariamente, la sensación de que cada mañana cuando salen al mundo no se sabe si asustarán a un bando o al otro, y entonces se asoman los que no quisieran que “Dibu” de plano aparezca o sea visto. Pero al final no es más que un personaje inofensivo que divierte. ¿Qué más da?

Al mundo le hace falta risa, no tristeza, creatividad no estancamiento mental, le hace falta más que nunca paz y no guerras que se originen en temas absurdos, necesita esa diversión contraria a la amargura que aflige el alma. Y si esta profesión le va a brindar un poco de estos ingredientes a la sociedad ¿Qué es lo que nos asustas?

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