Opinión

Desesperados por el poder

Comandante Raúl Hidalgo Zambrano Guayaquil.

 

En las últimas horas el prefecto de la provincia de Cotopaxi y allegados fueron detenidos acusados de desviar 30 millones en su beneficio; algunos exprefectos glosados por la Contraloría General del Estado pretenden ser reelegidos; un exalcalde de la ciudad de Quito, destituido, está impulsando su reelección; una asambleísta expresidenta de la federación deportiva del Guayas es condecorada por la Asamblea Nacional: solo hay que comparar el desastre que dejó las instalaciones deportivas y como están en la actualidad con una buena administración.

A menos de un año para las elecciones de las autoridades seccionales se ha desatado extraoficialmente una campaña feroz de desprestigio entre muchos de los aspirantes, algunos esperan ser reelegidos. Nuestro Ecuador está dividido políticamente en 24 provincias, 221 cantones, 1499 parroquias (1140 rurales y 359 urbanas), por lo que, es necesario la elección de los administradores, a los que acompañaran una masa burocrática que incluye asesores, a quienes “caras vemos, pero corazones no sabemos”.

En increíble la sobreposición de tareas para administrar los escasos recursos económicos: Cada provincia tiene dos instituciones, la Gobernación y un Gobierno Autónomo Descentralizado Provincial (Prefectura); la primera es dirigida por un gobernador nombrado a dedo por el presidente de la República; la segunda es liderada por un prefecto elegido por voto democrático, ¿por qué debe existir dos instituciones para administrar una provincia?

Se suma a esta sobreposición los cantones con un Gobierno Autónomo Descentralizado Municipal, liderado por un alcalde, y las parroquias con un Gobierno Autónomo Descentralizado Parroquial, liderado por el presidente de la Junta Parroquial, electos por los ciudadanos.

Lo preocupante es que todos los aspirantes a administrar los asuntos públicos, recursos o negocios de la obra pública, manifiestan que lo harán con transparencia y honradez en beneficio del pueblo, pero muchos hechos han demostrado que cuando llegan al poder, manejan los recursos hacia sus intereses personales.

Cuando la confianza en los elegidos se ve afectada aparecen todo tipo de adjetivos calificativos que son usados comúnmente, como: “avispado el man”, demuestra sagacidad y viveza criolla; “no es cojudo el man”, no es tonto, bobo o animal castrado; “idiotas los manes”, son tontos, no entienden; “inocentones los manes”, son fáciles de engañar y cándidos; ¿Somos estúpidos, necios o faltos de inteligencia los electores?

Existen aspirantes que han fallado anteriormente y se están promoviendo para retornar, no será que intentan aprovecharse de la amnesia social en la que vivimos por la pérdida de memoria, así, aplaudimos y los impulsamos otra vez para que abusen del poder, luego solo inventamos más adjetivos calificativos para sus perjudiciales proezas.

Me resisto a creer que los ecuatorianos seamos estúpidos, más bien me inclino que estamos desinteresados en analizar el perfil de los políticos avispados, desesperados por el poder, y por estar en modo de supervivencia en medio de la estrechez económica, inseguridad, y de remate asediados por los monstruos del narcotráfico e impunidad.