Economía

Desempleo en zonas rurales se incrementó

El desempleo no solo ha crecido en las zonas urbanas del Ecuador. El número de desempleados en las áreas rurales se había mantenido en menos de 45 000 personas en los dos últimos años, con corte a septiembre, pero la reciente encuesta de empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) evidencia un repunte.

En septiembre pasado, 75 929 personas se hallaban en busca de un empleo. De ellas, 38% corresponde a nuevos desempleados, a quienes no les resulta tan fácil salir de su situación en sitios donde el nivel de productividad es bajo, lo que repercute en menores salarios.

Ítalo Alegría, por ejemplo, vive en la parroquia Tachina, en Esmeraldas, que se caracteriza por una producción agrícola a menor escala y baja generación de empleo. Este padre de tres pequeños sabe cómo arar la tierra, pero no logra acceder a un crédito para sembrar cacao y plátano.

Lleva tres años y medio sin empleo. La última vez que laboró fue como teniente político de su parroquia. Reconoce que logró acceder a ese cargo por ser simpatizante de un ­partido político. Hace cinco meses optó por pintar casas, pero es esporádico.

En su lucha por subsistir ofreció sus servicios en el cementerio, donde se ocupó hasta el pasado jueves.

Para Rodrigo Mendieta, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Cuenca, es un problema estructural que el país arrastra por años, y en provincias marginales es más evidente el estancamiento y las disparidades entre lo urbano y lo rural.

El catedrático consideró que las zonas rurales son más vulnerables ante las pérdidas de empleo por la recesión económica. Esto deriva en problemas más complejos, como la migración a las ciudades o hacia otros países de forma ilegal.

Cristian Preciado, también de Tachina, se dedicaba al cultivo de caña de azúcar, pero la actividad generaba escasos ingresos y se vio obligado a emplearse como guardia. Este trabajo duró apenas 12 meses y desde entonces lleva cuatro años sin un trabajo adecuado. “He tocado puertas en distintas instituciones, pero no he corrido con suerte”.

En el recinto El Tigre, donde él vive, hay 150 familias que se dedican a trabajar la tierra, pero cada vez esta labor se va reduciendo. Preciado y su esposa siembran plantas medicinales y las venden en el mercado los fines de semana. El desempleo en zonas rurales afecta más a las mujeres y a los jóvenes. Elena Chinlle es oriunda de Santiago de Quito, una parroquia rural ubicada a 30 minutos de Colta (Chimborazo). Allí, 1 356 habitantes viven del agro y la ganadería. (El Comercio)