Economía

Derrames y ‘pinchazos’, los impactos más significativos del SOTE y dos poliductos

Petroecuador actualizará el Plan de Manejo Ambiental del SOTE y el poliducto Shushufindi-Quito, frente a los riesgos que supone la erosión del río Coca.

Solo el SOTE ha registrado 73 roturas entre 1972 y 2020. El Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) y los poliductos Shushufindi-Quito y Esmeraldas-Quito, de propiedad de la petrolera estatal Petroecuador, suponen 135 impactos ambientales negativos y dos positivos para la población.

Esos datos son parte de las conclusiones del ‘Diagnóstico y Plan de Manejo Ambiental del SOTE y del sistema de poliductos’ de Petroecuador vigente y que será actualizado.

La actualización de ese documento es necesaria ante el riesgo que supone la erosión regresiva del río Coca.

El fenómeno provoca el desmoronamiento de las márgenes del río, lo que ha llevado a la construcción de nuevas variantes del SOTE y el Poliducto Shushufindi-Quito en el sector de Piedra Fina, en la provincia amazónica de Napo.

Esas nuevas infraestructuras supondrán posibles riesgos ambientales y para la población de influencia, que deben ser anticipados a fin de contar con planes de contingencia.

El SOTE es una infraestructura clave para el país.

A través de este ducto se transportan 360.000 barriles de petróleo por día desde la Amazonía hasta la provincia de Esmeraldas, en un recorrido de 497,7 kilómetros.  Y, el poliducto Shushufindi-Quito transporta 10.800 barriles diarios de combustibles y tiene una extensión de 304,8 kilómetros.

73 derrames en la historia del Sote

De los 135 impactos negativos que identifica el diagnóstico ambiental vigente de Petroecuador, uno de los más significativos que enfrenta el SOTE es el de los derrames de petróleo.

Un impacto negativo significativo tiene elevada incidencia en el ambiente. Además, es difícil de corregir, de extensión generalizada, de duración permanente y, en algunos casos, irreversible.

El diagnóstico ambiental de Petroecuador señala que el SOTE supone un impacto “altamente significativo” en la calidad del agua de los ríos y del suelo, en caso de derrames de petróleo.

Según un reporte de Petroecuador, el SOTE registró 73 roturas entre 1972 y abril de 2020, lo que ocasionó el derrame de 742.041 barriles de petróleo.

Esas emergencias han ocasionado que el ducto esté paralizado durante 379 días, según el reporte de Petroecuador; es decir, es como si no hubiera operado durante más de un año.

La mayoría de los colapsos del ducto ocurrieron en la zona Oriental donde el SOTE no estaba soterrado.

Entre las causas figuran deslaves, el terremoto de 1987 e, incluso, un accidente de tránsito y seis atentados.

Soterramiento redujo derrames Desde 2013, Petroecuador inició un plan para soterrar la tubería, por lo que no se registraron derrames hasta el 7 de abril de 2020.

Ese día, un socavón de gran magnitud en una de las márgenes del río Coca, afectado por el fenómeno de erosión regresiva, destruyó un tramo del SOTE en el sector de San Rafael, en el cantón El Chaco de Napo, pese a que estaba soterrado.

El 7 de abril de 2020 la erosión del río Coca también provocó la rotura del ducto privado Oleoducto de Crudos Pesados (OCP). El OCP puede transportar 450.000 barriles diarios, pero solo utiliza el 43,7% de esa capacidad.

Este último oleoducto volvió a romperse el 28 de enero de 2022 debido un desprendimiento de piedras de gran tamaño en el sector de Piedra Fina.

Petroecuador invertirá USD 200 millones en la construcción de una variante definitiva para el SOTE.

Esto, ante el riesgo de más derrames por deslaves y socavones producto de la erosión. Según el estudio ambiental, los tres ríos que corren más riesgo de ser contaminados por derrames de petróleo son: Quijos (Coca), Shushufindi y Aguarico, ubicados en Sucumbíos y Napo.

Invasiones

El SOTE tiene derecho de vía, lo que significa que está prohibido todo tipo de construcción a 15 metros de cada lado de la tubería. Aunque el derecho de vía está vigente desde 1972, mediante Decreto 616, no se ha respetado.

Según el estudio ambiental de Petroecuador, una zona crítica son los barrios Colinas Petroleras y Guayaquil, en la ciudad de Nueva Loja, capital de la provincia amazónica de Sucumbíos, donde casi una veintena de familias construyó viviendas sobre el ducto.

También se registran invasiones en el derecho de vía del SOTE en los sectores San Carlos de Alangasí, Conocoto y Lloa, en Quito, enterrado a uno o dos metros de profundidad, el SOTE atraviesa entre cerramientos de casas, jardines y árboles.

La población de las zonas de Sucumbíos, Napo y Pichincha pide que Petroecuador construya variantes para alejar el ducto de sus casas ante el temor de derrames, dice el estudio ambiental.

“Pinchazos” a los poliductos

El estudio ambiental advierte de constantes pinchazos de los poliductos Shushufindi-Quito y Esmeraldas-Quito para el robo de combustible. Así, en el caso del poliducto Shushufindi-Quito, la mayor cantidad de perforaciones clandestinas se registran en las parroquias 7 de Julio y San Pedro de los Cofanes, en Shushufindi, Sucumbíos.

Alluriquín, una parroquia rural de la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas, también registra perforaciones clandestinas del poliducto Esmeraldas-Quito.

La provincia costera de Esmeraldas es otra zona que presenta robos de combustible, que provocan derrames de hidrocarburos. Incluso, el estudio ambiental habla de organizaciones delictivas bien organizadas relacionadas con estos delitos.

Las infraestructuras de Petroecuador también presentan otros impactos negativos, como la alteración de la flora y fauna y la contaminación auditiva.

La presencia del SOTE y los poliductos Shushufindi-Quito y Esmeraldas-Quito también suponen impactos positivos a la población.

Uno de ellos es que Petroecuador contrata mano de obra no calificada de las zonas de influencia de los ductos para tareas de mantenimiento.

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