Opinión

DELINCUENCIA HÍPICA ORGANIZADA.

Antonio Aguirre Medina/Guayaquil

antonioxaguirre@gmail.com

Con la premisa que el dinero de ninguna manera hace un caballero, quiero empezar este duro comentario que hubiera preferido no hacerlo, pero las circunstancias de la hípica actual así lo ameritan por la descomposición moral en que se encuentra.

Un policromo folletín desinformador circula entre los escasos aficionados que todavía concurren fielmente a la carreras de caballos, éste desacertado pasquín que es financiado principalmente por el totalitario empresario hípico para tapar todas las sinvergüencerías y amarres descarados para satisfacer su incontrolable y desmedida ambición, algunos aduladores de tinta bautizaron a la dinastía como el patriarca al padre y, patriarquito, al hijo; pero a la postre en muy corto tiempo se convertirán en los sepultureros, el mayor desde su tumba y el menor en vida. En escasa oportunidad adquiero el panfleto comentado porque es tan desacertado que da lástima leerlo por sus fatales comentarios siempre parcializados y cálculos de tiempo casi nunca acertados.

Lo ocurrido el domingo pasado, en el Derby en honor del señor Don Benjamín Rosales Aspiazu, el sí un gran caballero a carta cabal, el mandamás hípico demostró que la codicia y la ambición para él no tienen límites.

Asisto regularmente desde mayo del año 1956 a los hipódromos Santa Cecilia, Costa Azul, Carlos Aguirre Avilés y Buijo, soy hípico por legado y convicción heredada de mi abuelo Juan X. Aguirre Oramas verdadero Patriarca, que hace más de cien años fue el fundador y máximo dirigente del hipódromo situado en el actual parque forestal, mi padre Antonio Aguirre Avilés fue el gestor principal, socio fundador, mentalizador, patrocinador, organizador, generador del dinero mediante la venta de los terrenos, trabajador incansable y Gerente de todos los sitios hípicos nombrados y de toda la familia Aguirre Avilés que fueron trece hermanos, de las cuatro hermanas mujeres dos fueron propietarias de caballos y todos los nueve varones fueron aficionados a la hípica y propietarios de las mejores caballerizas de la época en Guayaquil y Quito, además en Caracas, Lima, Panamá, Miami y Santiago de Chile, tuvieron grandes productos que lucieron sus divisas, más que todo en Caracas en que ganaron los mejores premios cuando ese país tenía la mejor hípica en Sudamérica.

Recuerdo que entre los años 1954/1956 mientras se construía Santa Cecilia mi padre nos llevaba a la construcción los fines de semana mientras mi madre sembraba todas las plantas y árboles que todavía existen en el Colegio Balandra, nos enseñaban los avances de obra los Residentes José (Suso) Salem Bucaram y Raymond (Moño) Raad Dibo sobrinos del Patriarca, quién nunca aparecía en la obra, peor el patriarquito que por esa época todavía usaba pañales.

Lo ocurrido en el transcurso de las tres carreras de la triple corona de este año no justifican la forma desleal, pícara, antideportiva e inmoral para intentar de prestigiar la crianza de un harás del mismo empresario que produce equinos faltos de calidad, posiblemente por escasa alimentación adecuada y falta de potreros con desniveles para fortalecer sus extremidades y sistema respiratorio, porque en pruebas de aliento son un verdadero fracaso y tienen que recurrir como mafiosos a las ambiciones incontrolables de las que hace gala, ordenando a todos los demás jinetes de los ejemplares contendores – que todos son de su propiedad – que se dediquen durante todo el trayecto a estorbar en posta al único contendor, perjudicando durante todas las carreras de la triple corona a un ejemplar ampliamente superior y presentado en mucho mejores condiciones, solamente por no pertenecer al establo del empresario, acoto además que la junta de comisarios responsable del espectáculo también es sumisa, dependiente y obediente del empresario.

Aprendí a ver carreras de caballos el año 1955 que mi padre me llevó al Hipódromo La Carolina de Quito, recuerdo que nos acompañaron en el viaje Federico Ward Darwich y su hijo Elías Ward Adum unos tres años mayor que yo.

Es decir que aprendí a ver carreras de caballos hace 67 años, lo que me convierte en la actualidad como posiblemente en el más antiguo aficionado, podría ser que el Ing. Cesar Calderón me supere, he concurrido a Hipódromos del Ecuador, Perú, Colombia, Panamá, Chile, Argentina y los E.E.U.U., las inmoralidades descomunales ocurridas en las tres carreras de la reciente triple corona en que se dedicaron a atajar el libre accionar de un ejemplar muy superior, nunca se ha conocido en el mundo hípico universal nada tan asqueroso e indigno en un deporte considerado como EL DEPORTE DE LOS REYES, que en nuestro país se debería de llamar EL DEPORTE DE LA CODICIA Y LA INMORAL SAPADA CRIOLLA.

Tengo una ventaja que me permite comentar con total imparcialidad, es porque conozco y no soy un vicioso apostador, cuando veo pasear frente a las tribunas un caballo bonito, bien presentado, alegre y en buenas condiciones le apuesto uno o dos boletos siempre a ganador, evito por costumbre fijarme en potros debutantes porque son impredecibles, algunas veces en toda la tarde no le apuesto a ninguno en ninguna carrera.

Continuaré mañana con una anécdota del Santa Cecilia y otra del empresario.

Si las circunstancias lo ameritan escribiré en corto tiempo toda la historia del Hipódromo Buijo y la forma como se apoderaron sin escrúpulos ni consideraciones, que a las finales le costó la vida a mi padre.