Opinión

EL BAÚL DE LOS RECUERDOS

LAS CARRETILLAS Y LOS AGACHADOS

Eduardo Bossano

elnegrobossano@yahoo.com

Bienvenidos a participar de aquellas vivencias del Guayaquil de antaño, guardadas hoy en día en el baúl de los recuerdos.

Esta semana les voy a traer a la memoria las carretillas del Malecón y los famosos secos de los agachados del Mercado Sur que contrastaban con el Club de la Unión reducto de oligarcas de aquel entonces, donde se reunían los banqueros chuecos y los políticos que entre gallos de media noche se repartían la torta, hoy en día el Club de la Unión es el inicio o el final del Malecón es como de cosa a “tu” te gusta mirarlo, más en aquellos tiempos del pantalón tubo de la corbata fina, cuando todos los de mi leva eran chiros y vivíamos del cuento, bordeando las riveras del Guayas estaban las carretillas y a pocas cuadras los famosos agachados del Mercado Sur.

Mucho se ha escrito sobre las carretillas del malecón, sus aplanchados, sus secos, su arroz con jugo y el poderoso levanta muerto que era un concentrado de jugo de seco al que según tu economía le ponían uno o dos huevos, profundo folklore gastronómico que representaba en aquellos tiempos a los Guayaquileños,  atendían las 24 horas al día, se acercaban todos los estibadores del sector y por la noche era caída obligada de los noctámbulos de fin de semana, era el Burger King de entonces.

Hablemos de los aplanchados,   famoso sánduche que se los elaboraba aplastándolos entre dos planchas de hierro muy calientes, estos quedaban largos y finos como si realmente los hubieran aplanchado, habían de queso, jamón, mortadela y los mixtos, que se condimentaban con ají que solo de verlo te hacia lagrimear las “entretelas” .

El levanta muerto,  era un vaso de jugo calientísimo del seco al cual le partían uno o dos huevos, se revolvía y luego de tomarlo tenías que salir corriendo a la casa ya que te quedabas dormido en el propio terreno, este era una de las exquisiteces gourmet de los chiros, otra de las exquisiteces solo para “chiros” era el arroz con jugo, este era un seco venido a menos ya que era una gran porción de arroz acompañado del jugo del seco el que con un poco de suerte iba acompañado con un ala de pollo, siempre y cuando fueses cliente o amigo del dueño.

Los secos de pollo y los de chivo eran la especialidad de las carretillas, estas tenían su “glamour” lo mismo se sentaban en aquellas largas bancas de madera un gentil hombre de smoking acompañado de su dama de traje largo como aquel estibador sin zapatos y BVD,  nadie se metía con nadie, todo el mundo degustaba las especialidades con la mayor cordialidad, esa era la parte atractiva de las carretillas.  Más aún cuando la economía estaba en banca rota y el hambre se hacía presente a altas horas de la madrugada, la solución era comer donde los agachados del mercado sur, hoy convertido en el palacio de cristal, eso era tenebroso aparte de antihigiénico, el contorno era horroroso, borrachos, estibadores, prostitutas de la última especie, estas “pinturas” eran el complemento de este típico lugar de trasnochadores de aquel Guayaquil, la funda valía un sucre, era una porción de arroz, acompañada de una presa de pollo boxeador, uno se sentía miserable pero era parte del folklore del puerto, te servían en un pedazo de papel de despacho sin cuchara y sin mesa donde ubicarse,  por eso tenías que comértelo agachado al pie de la vereda, los aniñados “chiros” llegaban en autos acompañados de muchas de las abuelas de hoy en día, las que tiraban la cabeza en el carro mientras muy dignos ellos se bajaban a comprar las famosas fundas de los agachados, para luego de pagarlas salir en vertiginosa carrera y pararse en la 9 de Octubre lampareando al pie del Melba o del Bongo como si estuvieran degustando un club sánduche jajaja.

Hoy en día las carretillas han desaparecido, los aplanchados también, no se diga de los levanta muertos, sigue habiendo los agachaos pero con mayor tecnología ya no te tiran el papel, hoy te lo entregan en funda, pero igual te los sigues comiendo agachado en la vereda.

Esta es una de las historias que semana a semana iremos contando por medio de las páginas del diario La Nación, hasta la próxima.

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