Opinión

“DE LO EFÍMERO”

De: Gioconda Juez/Wuanplus
Guayaquil Ecuador

 

 

Hay una palabra que, aunque breve, encierra una de las verdades más profundas de nuestra existencia: lo efímero.

Efímero es aquello que dura poco. Aquello que pasa. Aquello que llega a nuestra vida, permanece un tiempo y, casi sin darnos cuenta, continúa su camino.

Y, sin embargo, los seres humanos parecemos empeñados en olvidar esta verdad.

Queremos que las personas permanezcan. Que los momentos felices no terminen. Que la juventud se quede para siempre. Que la salud nunca se altere. Que nuestros seres queridos estén eternamente a nuestro lado. Queremos detener el tiempo, conservar los instantes y convertir en permanente aquello que, por naturaleza, está destinado a transformarse.

Pero la vida no se detiene.

Todo cambia.

Todo pasa.

Y nosotros también somos parte de ese movimiento inevitable.

Tal vez gran parte de nuestro sufrimiento nace precisamente de nuestra resistencia a aceptar lo efímero. Sufrimos cuando queremos retener aquello que debe partir. Nos desesperamos cuando una etapa termina. Nos aferramos a personas, lugares, recuerdos y circunstancias, olvidando que nada nos pertenece completamente.

La vida nos presta.

Nos presta momentos.

Nos presta personas.

Nos presta oportunidades.

Nos presta abrazos, amaneceres, risas y caminos.

Y algún día, de una u otra manera, debemos aprender a dejarlos continuar.

Pero comprender que algo es efímero no significa restarle importancia. Al contrario. Quizás sea precisamente porque todo puede terminar que debemos aprender a valorarlo más.

Porque un abrazo adquiere un significado distinto cuando sabemos que no está garantizado.

Una conversación se vuelve más importante cuando comprendemos que quizá no siempre tendremos otra oportunidad.

Un amanecer se convierte en un regalo cuando dejamos de pensar que tendremos infinitos para contemplarlo.

Lo efímero nos enseña a agradecer.

Nos enseña a vivir el presente sin la obsesión de poseer el futuro.

Nos enseña a amar sin querer controlar.

A disfrutar sin pretender retener.

A despedirnos sin olvidar.

A continuar sin dejar de agradecer.

La sabiduría no consiste en conseguir que nada cambie. La verdadera sabiduría consiste en aprender a caminar con los cambios sin perder nuestra esencia.

Porque quizá la vida nunca nos prometió permanencia.

Quizá su mayor enseñanza está justamente en recordarnos que todo aquello que hoy tenemos merece ser vivido intensamente, amado profundamente y agradecido sinceramente.

Mañana muchas cosas serán diferentes.

Nosotros mismos seremos diferentes.

Por eso, no dejemos para después las palabras que debemos decir, los abrazos que debemos dar, el perdón que debemos ofrecer y la gratitud que sentimos.

No esperemos a perder algo para comprender su valor.

Vivamos hoy.

Amemos hoy.

Agradezcamos hoy.

Porque la vida, con toda su belleza y también con toda su fragilidad, está hecha de instantes.

Y aunque los instantes sean efímeros, pueden dejar en nuestra alma recuerdos capaces de durar toda una eternidad.

De eso se trata, quizás, la vida: de aprender que nada dura para siempre, pero que algunas cosas, aunque pasen, nos transforman para siempre.