Opinión

DE HISTORIA EN HISTORIA

Bridget Gibbs Andrade/ Cuenca

 

CON O SIN OREJA

A propósito de la exposición sui géneris de Van Gogh en nuestra ciudad, comparto una reseña de su corta historia. Cuando vivía en París no encajaba en el grupo de pintores que frecuentaba. Era de carácter intempestivo y carecía de don de gentes. Entonces, decide ir en Arles, donde añora fundar una colonia de artistas e invita a Paul Gaugin a vivir con él. La convivencia había empezado bien, pero se enrareció por el carácter opuesto de ambos: Gaugin era pulcro y abstemio; su compañero, todo lo contrario. Paul planeaba regresar a París, cosa que a Vincent no le gustó. La noche del accidente surgió una discusión. Gaugin salió a caminar y Van Gogh lo siguió muy perturbado.

Inmediatamente, según la versión de Paul, Vincent habría regresado a la casa, cogió su navaja de afeitar y se cortó la oreja en pleno brote psicótico. Pero no hay testigos de ese momento. Esto ha dado pie a especulaciones como la de dos académicos alemanes que sospechan que Gaugin pudo cortarle la oreja a Van Gogh en mitad de una discusión, sin pretenderlo, ya que era aficionado a la esgrima y tenía su sable en casa. Al fin de cuentas, fue él quien contó a la policía y al médico que su colega se había autolesionado. Cuando el doctor le preguntó el porqué se había cercenado la oreja, respondió que el motivo era personal. Lo hospitalizaron y Gaugin escribió a Theo, hermano de Vincent, para que vaya a cuidarlo. Paul terminó marchándose a París.

Cuando le dan de alta, los vecinos se quejan de que bebe mucho y recogen firmas para que se vaya del pueblo. Pero el propio Vincent reconoce que no está bien e ingresa en el sanatorio psiquiátrico de Saint Remy. Como otros bohemios de la época, bebía mucha absenta que en dosis altas produce alucinaciones. Se dice también que pudo haber sido bipolar: tenía momentos de actividad frenética, seguidos de etapas de desánimo y depresión.

Las obras de Van Gogh abrieron las puertas a movimientos de vanguardia como el expresionismo. Muchos pensaron que su manera de pintar era fruto de sus trastornos mentales. Nada más lejos de la verdad. Cuando creaba cipreses ondulantes o estrellas con halo, o cuando delineaba en verde turquesa una silla amarilla, sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Pintaba con pinceladas viscerales.

Van Gogh, con o sin oreja, será siempre uno de mis pintores favoritos.