Opinión

David y Goliat

Jorge Alania Vera
Jorge.alania@gmail.com
Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador

 

La historia de David y Goliat siempre será noticia. En todas las latitudes y tiempos, siempre habrá un pequeño que vence a un gigante, aunque la norma sea que en cualquier cosa, los pequeños – débiles, mansos, pobres, humildes- pierdan muy a menudo.

Recuerdo al brillante y erudito Marco Aurelio Denegri, señalar que uno de los acontecimientos capitales en la historia de la humanidad, fue el descubrimiento que el hombre primitivo hizo de que podía matar a distancia. En ello, por cierto, tuvo que ver el desarrollo de la inteligencia humana en el feral escenario de la supervivencia.

En el siglo XI A.C. los israelitas lograron expulsar a los filisteos de gran parte de su territorio. En uno de esos enfrentamientos, en el valle del Terebinto, Goliat, el gigante, premunido de un gran garrote acorde con su altura, desafió a sus enemigos a luchar. Aparentemente la batalla estaba perdida para las huestes israelitas, Pero el pequeño David tenía una honda con la cual podía herir o matar al gigante sin tener que acercársele y así lo hizo.

En Samuel 1,17, se narra brevemente la hazaña. David recogió cinco piedras lisas y las colocó en una bolsa. Tomó su honda y su bastón de pastor y fue a enfrentarse a Goliat y en el nombre de Jehovah Dios lo derribó con una piedra que le alcanzó en la frente. El pequeño pastor, cuenta Samuel, ya lo había hecho antes con osos y leones.

Hay, por cierto, muchísimos más Goliats que Davides. Y también un curso histórico que ha determinado que los Goliats puedan matar a distancia y con increíble precisión y a miles de miles de seres. Ser David no garantiza nada y todas las guerras lo atestiguan. Sin embargo- y en todos los planos de la vida individual y colectiva- habrá Davides que sigan escenificando la historia ejemplar que narra Samuel.

A nosotros nos toca tratar de emularlos, aprovechando la magnitud y la fuerza de los gigantes, tal como se hace, por ejemplo, en las artes marciales. Condenados injustamente que vencen al sistema, pequeños productores solos o asociados que tumban las artimañas de las grandes empresas depredadoras, luchadores de las causas perdidas que se ganan, mansos de corazón que movilizan multitudes enteras, pobres que logran superar las más increíbles herencias de pobreza y abandono., en fin, Davides que en el nombre de cualquier Dios o en el suyo propio, vencen a los filisteos arrogantes que desde Caín han poblado la tierra.

El lienzo del Barroco es de Caravaggio y muestra la última escena de la batalla del valle del Terebinto. Goliat está muerto y tendido. David, está inclinado sobre él y su tensión solo se refleja en su puño izquierdo cerrado. El óleo está en el Museo del Prado de Madrid y su triunfo en el imaginario de todos los pueblos.