Opinión

Dany López, el migrante que regresó para invertir en Guatemala

El quetzalteco Dany Juan López Juárez regresó a Guatemala para lanzar una sucursal de Benjamín Moore, una reconocida marca de pintura premium en la que vio la oportunidad de volver a su país de nacimiento con un aporte de inversión.

López Juárez, nativo de Concepción Chiquirichapa, Quetzaltenango, al cumplir 26 años obtuvo una visa de trabajo temporal y viajó a los Estados Unidos. Ahora, con 40 años, inauguró en la Ciudad de Guatemala, una empresa con 30 plazas de trabajo.

Sus primeros años en EE. UU., transcurrieron entre el trabajo y los estudios, para graduarse del Bachillerato. “Me fui feliz y me puse a trabajar”, recuerda al indicar que una de sus superaciones personales fue dominar el idioma inglés.

Con el tiempo y apoyo de su familia en EE. UU. sus sueños empezaron a encaminarse. Dany ayudó a sus hermanos a pintar casas y después fundó su propio negocio, Danny’s Painting, que legalizó en 2004.

Su carrera empresarial nació luego de pintar una baranda de madera a una vecina, quien le pagó US$450. El negocio después le dio la oportunidad de conocer a diseñadores y arquitectos en Washington DC.

Fue en un proyecto de renovación que Dany conoció la marca de pintura Benjamin Moore, la cual cuenta certificaciones para conservación del medio ambiente.

La vida del quetzalteco transcurría entre trabajo, estudio y servicio comunitario. Esto último tras una invitación para que Dany participara como intérprete del idioma Mam (la tercera lengua más importante en Guatemala) en las Cortes estadounidenses, y así apoyar a los guatemaltecos que tenían dificultades para hablar el español como segunda lengua.

Los planes del migrante guatemalteco no se detienen a un local en el Centro Comercial Century Plaza (Local 106 C), en la zona 13, ya que su próximo proyecto será comercializar café guatemalteco en EE. UU., por medio de la sociedad Juanito Juárez.

“Nunca dejemos de soñar, tenemos que creer en  nosotros y estudiar. Mi sueño era sacar a mi familia de la pobreza, quiero crear empleos”, expresa Dany al indicar que quiere ser ejemplo de los connacionales para que inviertan en Guatemala. “Si Dios quiere, algún día regresaremos”, agrega.

Un día sin venta

En su niñez, Dany Juan López Juárez, vendió verduras junto a su madre adoptiva pero pese a sus esfuerzos, un día, no lograron vender y tampoco consiguieron dinero para comprar el pasaje de regreso.

Su madre ese día tuvo que pedir al ayudante del bus que los llevará de regresar a casa, sin que les cobrara el pasaje.

Según Dany, esta vivencia fue uno de los momentos que marcó su vida, pero que le impulsó a ser un hombre dedicado, respetable y conocedor de la diferencia hacia los menos afortunados.

El sueño del avión 

En el pueblo donde vivió su infancia Dany, cada día, se miraba un avión con dirección a México. El paso de la aeronave era una suerte de alarma que indicaba la hora de ir a almorzar.

El pequeño Dany sentía que algún día tomaría el viaje anhelado y abordaría un avión para cumplir sus sueños. Eso llegaría más de 15 años después cuando recibió la noticia de que había obtenido una visa H-2B y se fue a los EE. UU.

Tragedia familiar

El padre de Dany, don Emiliano, fue un comerciante y emprendedor pionero en Concepción Chiquirichapa. Fue la primera persona en salir del pueblo para comercializar papas en la ciudad.

Don Emiliano falleció de un infarto cuando Dany tenía un año y nueve meses, dejando a su esposa con cinco hijos y sin el conocimiento de seguir el negocio familiar.

Debido a la falta de recursos, su madre se vio en la necesidad de darlo al cuidado del tío, quien prometió en vida hacerse cargo de Dany, si algo le pasara a su hermano y así, culminó gran parte de sus estudios.

Al cumplir 26 años, obtuvo una visa H-2B y se fue de Guatemala hacia los EE. UU., para regresar 14 años después como un empresario.

  • Fuente:Repùblica.