Opinión

Dana De la Cruz Núñez, Gestora de operaciones de recintos y eventos deportivos

Diana de la Cruz

desde Lima-Perú para La Nación de .Guayaquil-Ecuador.

 

 

Lima 2019 me enseñó algo que Lima 2027 puede confirmar
Hay recuerdos que uno guarda asociados a una ciudad, a una época y hasta a una sensación. Para mí, los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Lima 2019 son uno de ellos.
Recuerdo aquellos Juegos como mucho más que un evento deportivo. Fueron días en los que Lima parecía mirarse a sí misma de una manera distinta. Había movimiento, expectativa, visitantes, escenarios nuevos y, sobre todo, una sensación poco habitual: la de que los peruanos sí podíamos organizar un certamen de dimensión internacional y estar a la altura.
Yo viví Lima 2019 desde dentro, desde la organización y, ocho años después, volver a hablar de unos Juegos Panamericanos en nuestra ciudad, inevitablemente me hace pensar en todo lo que pasó desde entonces.
Lima 2027 ya no parte desde cero.
Los Juegos de Lima 2019 dejaron infraestructura que continúa siendo utilizada para competencias nacionales e internacionales. Las sedes administradas actualmente por el Instituto Peruano del Deporte (y antes por el Proyecto Especial Legado), han albergado cientos de eventos deportivos desde entonces. Ese quizá sea uno de los mayores aprendizajes de aquella experiencia: una obra deportiva tiene sentido cuando continúa siendo útil mucho después de que se apaga el pebetero.
Ahora Lima vuelve a tener una oportunidad enorme. Del 23 de julio al 8 de agosto de 2027 se realizarán los Juegos Panamericanos y posteriormente los Parapanamericanos. Se espera la participación de más de 7.000 atletas de 41 países y territorios, en 38 deportes y 59 disciplinas. Pero hay algo que me interesa incluso más que las cifras.
¿Qué vamos a hacer nosotros con estos Juegos?
Porque organizar Lima 2027 no debería significar solamente preparar instalaciones deportivas, recibir delegaciones y llenar las agendas de competencias. También debería significar volver a acercar el deporte a los niños, despertar vocaciones, ocupar nuestros espacios públicos y hacer que una generación crezca entendiendo que el deporte no es solamente el futbol y el vóley, o aquello que vemos por televisión cuando llega una medalla.
En Lima 2019 hubo más de 750 mil asistentes a las competencias y más de 17 mil voluntarios. Esa participación demuestra que los Juegos pueden convertirse en una experiencia colectiva, no únicamente en un evento deportivo.
Y ahí está, para mí, el verdadero reto de Lima 2027. Que ocho años después podamos decir que no solamente repetimos unos Juegos, sino que aprendimos de los anteriores.

Que el legado y las sedes sigan vivas. Que los niños conozcan a nuestros deportistas. Que las familias se apropien de los espacios. Que los voluntarios vuelvan a sentirse parte de algo grande. Que el orgullo que sentimos en 2019 no haya sido una emoción pasajera.
Lima tiene nuevamente la oportunidad de recibir a América. Esta vez, además, tiene la oportunidad de demostrar qué aprendió de sí misma.
Y yo quiero volver a mirar esos Juegos desde Lima, como en 2019, pero con una pregunta distinta: ¿Qué legado vamos a dejar nosotros esta vez?