Opinión

CUMPLIENDO CON LO OFRECIDO

Antonio Aguirre Medina/Guayaquil

antonioxaguirre@gmail.com

 

PARTE 1

Lo que contaré en éstos cuatro capítulos son experiencias acumuladas y recordadas que trataré de resumirlas al máximo.

Mi padre era el concesionario de las apuestas en algunas secciones del Hipódromo antiguo del parque Forestal, su contador y ayudante de extrema confianza, a quién después lo hizo su socio, era el caballero y amigo incondicional, el señor Vicente Novillo Torres.

Mi padre había fundado su empresa importadora A. Aguirre Avilés y Cía. que tenía algunas representaciones internacionales, las oficinas estaban ubicadas en Francisco de P. Ycaza entre Córdoba y Pedro Carbo (Actualmente Edificio Cóndor) la secretaria se llamaba Enriqueta Tomalá y, la ayudante de Contabilidad, Elsa.

Nombro algunas representaciones y productos importados que comercializaba y/o representaba, casi todas de origen norteamericano: Pinturas General Paint, Pyrex, Baterías Hart, Discos de vinilo Decca, la promoción de los artistas que visitaban el Ecuador lo hacía en conjunto con su gran amigo, el Ab. Carlos Romero Jaime, dueño de algunos cines, que también era empresario artístico, eventualmente vendían los primeros vehículos Franceses Renault que llegaron a Guayaquil y Nash de la Américan Motors, cocinas y refrigeradoras de Kerosene; radios alemanes, radiolas, bicicletas desarmadas que se las importaba otro caballero hípico Don Jacobo Lebed, padre de los Lebed Sigall, luego mi padre les hacia el ensamblaje para comercializarlas en las bodegas del almacén.

Como su vida eran las carreras de Caballos se ideó conseguir con su amigo quiteño Don Augusto Saa Cousin y su esposa Eunice, quienes eran los dueños del harás Las Cuadras y Presidente del Hipódromo La Carolina de Quito, la retransmisión inmediata vía radio telefonía de las carreras desde la Capital a Guayaquil y con otro amigo quiteño Don Carlos Vela Suárez trajeron el bolódromo que eran carreras de canicas, siempre acompañado en sus aventuras comerciales e hípicas con Don Vicente Novillo Torres.

El éxito fue tan grande que en Guayaquil se apostaba más que en la Capital y, las carreras de bolas eran todas las tardes, excepto los domingos, durante 6 horas cada 10 o 15 minutos, más rápido y rentable que las carreras de caballos.

Las primeras instalaciones fueron en la calle Boyacá entre Ballén y 10 agosto, uno de los clientes de las dos actividades era el Ing. Miguel Salem Dibo, todo esto duró hasta más o menos 1953/1954 que se inició la construcción del majestuoso y recordado Hipódromo Santa Cecilia.

Quienes eran los ejecutivos que acompañaron a mi padre en su vida comercial, recuerdo algunos: mis tíos Martín Aguirre Avilés y Martín Avilés Suárez, Guillermo Pareja Rolando, Roberto Serrano Rolando, José Plaza Luque y otros.

Quienes concurrían a la oficina para conversar, dar opiniones y tomar café casi todos los días: mi tío José E. Aguirre Avilés, Federico Ward Darwich, Harry Crawford, Gustavo Matheus Ayluardo, Pedro Lupino Saturno y otros que no recuerdo.

Quienes trabajan de planta Zoilo Ruíz, Carlos Ron, Sixto Lozada, Gustavo Cabezas Peet, el Chino Rivera, Gonzalo Torres y se me escapan algunos, todos ellos luego pasaron después a trabajar en la Lotización e Hipódromo Santa Cecilia.

Hasta esa fecha el Ing. Miguel Salem Dibo, considerado por los desinformadores asalariados como el patriarca de la hípica no tenía antecedentes hípicos, porque sus aficiones principales eran el fútbol y el Box, además todo su corazón y sentimientos deportivos eran del Barcelona S. C. del que fue su presidente.

CONTINUARÁ MAÑANA…