Opinión

Cuestionamientos

Jorge Gallardo Moscoso / Guayaquil

Me cuestiono si estoy cumpliendo a cabalidad con el privilegio recibido al ofrecerme espacios para hacer opinión pública. No se trata, aclaro, del ejercicio del periodista que informa mediante reportería, crónicas, entrevistas o reportajes, que son los géneros más conocidos, sino del papel de comentarista sobre temas específicos o de interés general, ya sean nacionales o internacionales. El periodista informador tiene límites; solo puede relatar hechos tal como han sucedido, quedando prohibido agregar opiniones o interpretaciones personales. Esto último se reserva a quienes se les ha permitido y otorgado el honor de opinar, no siempre periodistas profesionales, pero todos obligados a responder de manera personal. Salvo la opinión editorial, que no lleva firma, debe ser asumida por el medio de comunicación que la publica.

El cuestionamiento surge en medio de una situación muy difícil y preocupante por la que atraviesa el país en todos los ámbitos. Lo he dicho repetidamente, y lo recordaré cuando sea necesario: el rol más importante del ejercicio periodístico es contribuir al desarrollo del país o la localidad donde se ejerce y al progreso social de su población. Allí radica la principal justificación de su existencia. Durante mucho tiempo, los medios convencionales y digitales han destacado, a través del análisis para la opinión, el propósito de avivar el fuego, destruir e incluso servir a intereses particulares, debido a sucesos violentos derivados de la acción delictiva en algunos casos y de la política partidista en otros.

Las libertades de pensamiento, expresión y opinión son fundamentales y, como tales, deben utilizarse para fines positivos. En lo que respecta a nuestro trabajo, no se trata de censurar todo y no proponer nada fácilmente. La realidad del Ecuador no es asunto exclusivo de unos pocos, especialmente si son irresponsables, negligentes e incluso ignorantes en muchos casos. Superar esta realidad requiere la contribución de todos, por lo que lo que se haga o deje de hacer en los medios de comunicación, especialmente en opinión, es trascendental. Como es bien sabido, el ciudadano es el dueño de la información y el medio tiene la responsabilidad de proporcionarla de manera veraz y oportuna, sin caer en sesgos, tendencias o falsedades.

Cuestionarse si se está cumpliendo bien con la tarea no es opcional, es un deber ineludible. Las ideas, simpatías, amistades y creencias no deben desaparecer; lo que no puede faltar es el compromiso con Ecuador y los ecuatorianos.