Opinión

Cuatro mil millones de razones

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

En alguna ocasión conversando con varias amigas, una de ellas comentaba como alguien más a modo de rumor le había contado que en algún cajero automático en Estados Unidos habían encontrado una papeleta con el saldo de una cuenta de millones de dólares que pertenecía a la hija de Hugo Chávez. Yo pensaba que alguien se había inventado semejante noticia para difamar a esta “pobre” chica que con 35 años tiene en sus cuentas de Andorra y EE.UU. tan sólo 4.197´000.000 de dólares convirtiéndose en “la mujer más acaudalada de la República Bolivariana de Venezuela”.

Cuando ya se comprueba este tipo de noticia, el ser humano que se informa periódicamente pierde toda la fe en aquella ideología política de la época de mis abuelitos llamado “socialismo”, reflejo de la miseria social que va generando resultado de que las teorías se van quedando en libros polvosos en algún rincón de la biblioteca con muy pocos efectos positivos en la práctica real. Es un castillo de naipes que cae en picada y sin intenciones de remontarse otra vez es protagonizado por gobiernos corruptos que uno tras otro reinciden en los errores de siempre, creer que esta doctrina funcionará y sin embargo empobrecen al resto mientras se enriquecen solo ellos. ¿Hasta cuándo y hasta dónde?

No es casualidad que todos los fieles seguidores de un comunismo actualizado con software de siglo XXI sean aquellos que en gobiernos anteriores o no tenían trabajo, o no eran escuchados, o no habían encontrado la forma de que les generara por ahí uno que otro dinerito, de repente vemos a fieles creyentes del marxismo o del comunismo (jamás repasaron ni un solo libro de historia) que antes te los encontrabas en alguna esquina hablando pestes de países con métodos similares, o criticaban la entrega igualitaria de recursos y bienes en una nación, hoy los veo en buenos carros, camino a mansiones que no imaginaban ni en sus más profundos sueños, para planear viajes de despilfarro en el exterior, pensando cómo vendernos la idea que ser ricos es malo, y como la iglesia debería considerar la riqueza dentro de los pecados capitales comunes.

Nunca los he visto pedir disculpas, o justificar sus imprudencias, no los he escuchado referirse a sus riquezas, ni con intenciones de detallarnos como hicieron para convertirse en nuevos ricos de la noche a la mañana, sin embargo, siguen pretendiendo que creamos ciegamente en que el sistema funciona, en que todo va a estar bien, en que al pasado no regresaremos ni a empujones; de repente nos damos cuenta que seguimos en un pasado disfrazado de presente. Siempre contestando una pregunta con otra pregunta, cuando lo que verdaderamente queremos son respuestas concretas a las interrogantes que se exponen diariamente por todos lados.

María Gabriela Chávez me ha regalado cuatro mil millones de razones para seguir creyendo que la política no es más que una máscara ingrata que cubre el empoderamiento de unos cuantos sobre el sufrimiento y sacrificio de muchos. Queremos que entiendan que no envidiamos sus riquezas, envidiamos el facilismo con el que han logrado reunir nuevos bienes vs. el esfuerzo que muchos dejamos a diario en nuestros puestos de trabajos por cifras miserables comparadas con la fortuna de María Gabriela. No criticamos lo que tienen o lo que hacen, recriminamos que sean tan duros y cerrados respaldados en un sistema filosófico, político y económico que rechaza el capitalismo para todos excepto para ellos.

Defienden la construcción de una sociedad sin la marcada guerra de clases sociales y sin embargo ahí están dirigiéndose a los mismos clubes, viviendo en los mismos barrios, manejando los mismos carros y sus hijos compartiendo las mismas aulas de clases que aquellos contra los que arremetieron en su campaña política generando gran peso propagandista y que los catapultó a defensores marxistas/comunistas de la patria. ¡Tan sólo cuatro mil millones de razones para no creerles más!

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