Ciencia

Cuando se apague el Sol no terminará la vida, según un nuevo estudio

Un grupo de científicos ha calculado con todo detalle qué nos pasará a nosotros y al resto del sistema solar cuando nuestra estrella colapse. Y puede ser muy distinto a lo que pensábamos.

Siempre que sientas el calor del sol en tu piel, por ejemplo mientras estás en la playa ligando bronce (protegido por una crema solar buena de verdad, por supuesto), te proponemos que agarres este hilo de pensamiento muy de peli de ciencia ficción veraniega: si no fuera por la magnetosfera terrestre que nos protege de los constantes vientos solares, estaríamos en serios problemas. Que es un eufemismo para decir que moriríamos por fritura en cuestión de segundos.

Por el momento la situación no está nada mal. Pero no siempre será así. En un futuro, échale unos pocos miles de millones de años, el Sol se quedará sin combustible y se convertirá en una gigante roja. Es decir, en una estrella muchísimo más grande de lo que es ahora. En una investigación publicada en el Monthly Notices de la Royal Astronomical Society, un equipo de astrónomos ha calculado en detalle cómo evolucionará la intensidad de estos vientos solares cuando eso suceda… Básicamente, acabará erosionando por completo nuestro escudo magnético, arrasando con la atmósfera y todo lo que hay debajo.

A medida que la atmósfera exterior del sol se expande, abrasará todos los planetas a su paso. Es casi seguro que Mercurio y Venus serán borrados del mapa cósmico por completo… y la Tierra también puede correr el mismo riesgo. O no.

¿Qué pasará después? Tras unos mil millones de años de expansión, el Sol colapsará y se convertirá en una enana blanca. Si la Tierra sobrevive a ese proceso, se encontrará mucho más lejos de la estrella de lo que está ahora. Y, obviamente, por el camino se habrá transformado en un planeta completamente distinto.

Parece todo una catástrofe brutal, pero en realidad esto esconde una implicación muy interesante que tiene que ver con nuestra búsqueda de vida extraterrestre en el cosmos. En los últimos meses, investigadores como John Gertz han teorizado sobre la posibilidad de que exista vida en planetas que orbitan alrededor de una enana blanca, porque hasta ahora se habían descartado casi como cadáveres estelares. Si el planeta está a una distancia apropiada, teóricamente podrían darse las condiciones para que hubiera agua y recibir la suficiente energía para que se produzca el milagro.

Démosle la vuelta a esa teoría: lo que quizá podría ser posible dentro de millones de años, si los humanos seguimos vivos (que ya es mucho elucubrar), es que no sea necesario huir hacia otro planeta cuando nuestro Sol colapse. En lugar de imaginar a una civilización errante en naves espaciales gigantes, como hemos visto en tantas películas, la alternativa podría ser que la humanidad se protegiera en la misma Tierra durante la fase de gigante roja… y volviera a salir al aire libre una vez que entrara en fase de enana blanca. Esa visión es muy de ciencia ficción, claro. Pero lo que sí tiene más sentido astronómico y biológico es que, una vez se llegara a ese momento de enana blanca, y si el planeta ha resistido, algún tipo de vida podría volver a florecer. Una inesperada segunda oportunidad.

Esquire

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