Ciencia

Cuando la tristeza se vuelve crónica: Distimia

Recuerda también que si alguien de tu familia presenta este trastorno, tienes unas probabilidades muy altas de sufrirla también.

ESPAÑA. Todas sabemos lo que es pasar por una época difícil, ahí donde nos envuelve la pesadumbre y donde los pensamientos negativos nos obligan a tener que replantearnos muchas cosas de nuestra vida. Hay veces que el simple hecho de pasar por estos momentos nos hace también aprender y obtener a su vez adecuadas estrategias de afrontamiento.

Ahora bien… ¿Y si este estado de tristeza es continuo? ¿Qué ocurre si ese malestar interior, esa pesadumbre y desánimo no se resuelven y lo “arrastramos” cada día? En ese caso, estaríamos hablando de un trastorno llamado distimia, algo que se diferencia de la clásica depresión y que vale la pena conocer un poco más.

Es un estado de tristeza y desánimo constante. No hay épocas mejores y peores, sino que habitualmente esta sensación emocional tan negativa suele durar más de dos años.

Vale la pena saber que este tipo de trastorno no depende casi nunca de “factores externos”, es decir, no es necesario sufrir una pérdida o un desengaño para caer en este tipo de depresión. El origen es orgánico y casi siempre hereditario, y afecta generalmente a las mujeres.

Suele aparecer sobre los 21 años. Hay casos bastante graves, personas que, por ejemplo, son incapaces incluso de cuidar de sí mismas y que necesitan de una ayuda diaria para comer, para asearse… Son, como decimos, casos en que la distimia es más acusada.

A pesar de tener un componente hereditario, el estrés suele agudizar aún más esa sensación de abatimiento, de modo que puede hacer que acabemos cayendo en ese estado más grave anteriormente citado.

A la tristeza se le suman el mal humor, el cansancio, el insomnio, los problemas alimenticios y la dificultad para concentrarnos.

Si la distimia no se trata a tiempo, puede derivar perfectamente en una “depresión mayor”, es decir, un trastorno mental aún más grave donde además pueden aparecer la ira, la rabia e incluso los intentos de suicidio. Es muy peligroso, de ahí la importancia de tratar cuanto antes este tipo de problemas.

En primer lugar hemos de tener claro que la distimia es una patología que debe gestionarse a lo largo de toda nuestra existencia. ¿Podemos disponer de una calidad de vida adecuada en nuestro día a día? Desde luego. Se puede conseguir, siempre y cuando sigamos las siguientes pautas:

Fármacos antidepresivos. Seguir psicoterapias conductuales y cognitivas, más dinámicas de grupo.

Contar con un seguimiento médico periódico a lo largo de toda nuestra vida.

Contar con un buen apoyo social y personal.

Hemos de tener en cuenta, ante todo, que el origen de la distimia es hereditario y, por lo tanto, orgánico. Casi siempre aparece una ligera alteración en los neurotransmisores de la serotonina. Esto significa que los fármacos serán efectivos y que, sin duda, la terapia psicológica será de gran ayuda. (Internet/ La Nación)