Ciencia

Cuando el sol es una droga

Sentir que tu color de piel es más claro que el del resto, esforzarte por no rebajar su tonalidad e incluso estar convencido de tener un tono pálido de piel, son algunos de los síntomas más frecuentes de la tanorexia.

ESPAÑA. Una de las explicaciones a este desorden podría estar en la biología, ya que ésta sostiene que las personas afectadas por esta obsesión, mientras toman el sol, producen una liberación de endorfinas, unas sustancias químicas cerebrales que les incitan constantemente a obtener un color más oscuro de piel. De esta forma, el sol se convierte para ellos en una droga.

Además, la tanorexia también está asociada a un importante factor social y se engloba dentro de otros trastornos de la imagen corporal. De hecho, es común que el resultado de esta adicción por el bronceado con el fin de conseguir un look más agradable y atractivo consiga un efecto contrario, pues la apariencia de estas personas se convierte en poco favorecedora y natural. Pero más allá de la mera estética, sus consecuencias son alarmantes y peligrosas, ya que la exposición tan agresiva a los rayos solares, o el uso de cabinas ultravioleta -vetadas en países como Australia y Brasil-, pueden desencadenar enfermedades tópicas, algunas de relevante gravedad, como el cáncer de piel.

Como cualquier otro trastorno psíquico, la tanorexia trae consigo algunos efectos psicológicos, como la ansiedad, la frustración personal, la distorsión de la realidad y las alteraciones en las relaciones sociales. Según los expertos, se puede sustraer de aquí una semejanza de comportamiento con otros problemas también relacionados con la estética corporal, como pueden ser la bulimia y la anorexia.

Julia Díaz es psicóloga clínica y cuenta con 20 años de experiencia a sus espaldas. Durante su vida profesional, ha tratado con personas tanoréxicas, pero resalta que ninguno de estos pacientes acudió a su consulta «por ser adicto al sol, sino por trastornos de alimentación». Esto no sólo evidencia que la adicción a los rayos solares comparte los elementos clásicos de quienes sufren algún trastorno dismórfico corporal, que consiste en una preocupación exagerada por el aspecto físico; sino además, que la desinformación respecto a esta cuestión es amplia.

Seguramente, no resulte muy complicado encontrar a alguna persona que reúna rasgos de la tanorexia. Un amigo o amiga que nunca está satisfecho con su moreno a pesar de tener una tonalidad desmesurada, que no sea la natural. U otro conocido, o por qué no, un familiar, que busca resquicios de sol y sesiones de lámparas ultravioleta durante todo el año para obtener ese bronceado perenne e in crescendo. La obsesión delata a cualquiera. Pero no siempre sabemos cómo actuar con estas personas que necesitan, en la mayoría de los casos, un seguimiento psicológico. «Los familiares dicen: ‘¡deja de tomar el sol!’ Pero no recomiendan ir al especialista para evitar problemas futuros», señala la psicóloga.

Según los expertos, el perfil de quienes padecen esta adicción suele ir acompañado con una delgadez importante, porque son personas excesivamente preocupadas por su aspecto físico. También está relacionado con una autoestima baja por el sentimiento de culpabilidad que genera no estar suficientemente bronceado, y aunque está bastante vinculado a las mujeres, cada vez hay más casos de hombres.

Además de las huellas psicológicas, esta adicción también pone en riesgo la salud física, ya que tiene fuertes consecuencias en nuestro cuerpo. El doctor Alfonso Berrocal, portavoz de la Sociedad Española de Oncología y jefe de sección de Oncología del Hospital General Universitario de Valencia, advierte en declaraciones para este periódico que «un 95% de los casos de melanoma son fruto de mutaciones adquiridas cuya causa más común es la exposición ultravioleta».

Berrocal lamenta que «en los últimos 30 años haya habido un aumento evidente de casos que se han duplicado en la última década. Se trata de un fenómeno mundial, provocado por los cambios sociales, ya que cada vez hacemos más vida expuestos al sol». (Internet/ La Nación)