Opinión

Cuando el cuidador falla

Hemos creado instituciones para cuidar de aquellos que requieren especial atención y de repente nos tienen que dar explicaciones y razones de por qué lo hicieron mal. Cuando ya es tarde, cuando la tragedia ya ha ocurrido, cuando aquellos que merecían toda la atención han sufrido lo indecible. Y ahí sí son expertos en comunicación y lógica. Mientras vemos con horror el niño llorando, la mujer asfixiada, el líder indígena caído con quince balazos y ya ninguna explicación puede hacer nada por remediar lo acaecido.

Son más frecuentes de lo que podemos contar los casos de mujeres que después de poner las denuncias de rigor caen frente a su agresor de manera cruel y cobarde, sin que nada ni nadie haya hecho ni lo mínimo para protegerlas. Machetes, balas, manos, cualquier cosa de la que un asesino se vale para acabar con aquella vida, muchas veces frente a sus hijos o padres.

El reciente asesinato de Sergio Rojas, líder indígena en Salitre, nos llena de dolor e indignación por cuanto todas las alarmas ya se habían disparado y todas las órdenes habían sido dadas y aun así murió por alguien del que sabemos muy poco porque todo lo que se dice es “vienen y nos maltratan”, sin identificar a nadie. Debemos imaginar que en cada denuncia había nombres e identidades. Y todo lo que nos queda es ver cómo un hombre que nos representa desde hace milenios y que defendía su derecho a permanecer en sus tierras es ultimado a balazos por un alguien del que de repente se sabe muy poco o nada.

El caso de hombres que deambulan asustados porque en su infancia fueron abusados por curas y guías espirituales, y que ven el tiempo pasar hasta que sus causas prescriban, mientras una milenaria iglesia no hizo ni lo mínimo que tenía que hacer por defender a esas criaturas caídas y engañadas y violentadas.

La prensa ha informado de casos de curas abusivos por largos treinta años por lo menos en todo el mundo, se han escrito libros, informes, discursos, se han hecho películas sobre este drama horrible y nuestros obispos necesitaron una reunión de tres días en Tres Ríos en el 2019 para darse por enterados. (Aun así encuentran que no tienen que informar al MEP de sus ovejas negras y descarriadas y lo justifican.)

Ni Sergio Rojas debió ser perseguido hasta la muerte, ni el femicida debió acercarse con impunidad a su víctima, ni el niño debió estar cerca de aquellos monstruos de sotana y evangelio en ristras. Que cada institución aguante su vela y pague su penitencia. Y que todos aprendamos a cuidarnos, caramba, que a eso vinimos.

Por: Jaime Hernández – Costa Rica