Ciencia

Cuando el amor se convierte en una droga

Debemos aprender a ser personas enteras, sin necesidad de buscar nuestra otra mitad, para poder disfrutar de la relación de pareja de forma plena.

ESPAÑA. Mantener una relación de pareja saludable y feliz implica, ante todo, saber enriquecernos mutuamente a través del respeto, el reconocimiento y el amor. Sin embargo, no siempre es así. Hay veces en que, sin saber muy bien cómo, acabamos perdiendo nuestra propia dignidad para quedar “adheridas” a una relación completamente tóxica.

¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué nos cuesta tanto alejarnos de una persona que nos hace daño? La respuesta es simple, a la vez que llena de innumerables dimensiones: la dependencia emocional.

La dependencia emocional tiene un doble rostro, una doble máscara donde aparecería, por un lado, la expresión del amor más devoto y absoluto, y por otro, la del sufrimiento. Son relaciones donde, lejos de existir una tranquilidad y una armonía, nos vemos sometidos a unos altibajos constantes.

La dependencia emocional se basa siempre en la manipulación. Se busca controlar la vida del otro para evitar ser abandonado, y ello deriva, a menudo, en la aparición de los celos, de las desconfianzas e incluso de los chantajes. Desarrollamos conductas muy exageradas de sobreprotección hacia la pareja, centramos todo nuestro universo en “nuestra otra mitad” y, en ocasiones, dejamos a un lado a nuestros familiares y amigos.

Normalmente existen dos perfiles en el interior de la pareja: el dominante y el dominado. El primero erige su poder mediante los celos, el chantaje, la desconfianza y una firme autoridad. El dominado es generalmente sumiso pero, lejos de huir de este tipo de relación, sigue en el interior de este “círculo tóxico” por miedo a ser abandonado, o porque su amor es tan ciego que no ve la realidad del problema.

¿Cómo salir de una relación basada en la dependencia emocional?

El primer paso y más importante es, sin duda, reconocer nuestra “dependencia emocional”. Es imposible actuar frente a lo que no se hace consciente, por lo que es importante que cada día pongas en una balanza tu corazón. ¿Qué pesa más? ¿La felicidad o el sufrimiento? Piénsalo con detenimiento y analiza objetivamente tu situación.

El segundo paso es aprender a hacernos responsables de nuestra propia vida. Aprende a ser más autónoma y no tan dependiente de tu pareja, fortalece tu autoestima y siéntete siempre segura de ti misma.

Valora más el “aquí y ahora”. No te pares a pensar en cómo era tu pareja en el pasado, en cómo te cuidaba o en cómo te respetaba. Lo que importa es el presente, así que pregúntate: ¿Tu compañero te hace feliz ahora? ¿Vives en este momento la vida que de verdad quieres? Piensa en ello, es importante.

Nunca tengas miedo a la soledad. Si tu principal temor es dejar a tu pareja porque no concibes el verte sola a pesar de ser infeliz, entonces el problema es tuyo y debes resolverlo. Para ser una persona madura y feliz, primero debes aprender a disfrutar de ti misma, de tu soledad, escuchando tu voz interior. (Internet/ La Nación)