Opinión

¿Cuál es la diferencia entre enamorarse y amar?…

Dr. Miguel Palacios Frugone/Guayaquil

Siempre he pensado que las verdaderas razones por las que vivimos se encuentran en el amar y el aprender.

Desde el punto de vista neurofisiológico, las emociones son originadas por movimientos masivos de las descargas químicas que se efectúan en la región supra orbicular del hipotálamo, que está localizado en el sistema límbico en el centro del cerebro.

Estas descargas químicas movilizan a unas sustancias llamadas neurotransmisores cerebrales como la adrenalina, noradrenalina, ácido gama aminobutírica, sustancia P, etc.

Su traslado de una neurona a otra neurona y de ahí a muchas neuronas, termina constituyendo sensaciones conocidas como las emociones que experimenta el ser humano.

Cada vez que existe un estímulo externo lo suficientemente fuerte para que nos impacte psicológicamente, en el sistema límbico se movilizan estos neurotransmisores y ese transporte masivo de esas sustancias químicas nos hace experimentar las emociones como el miedo, el odio, la angustia, la tristeza o, por el contrario, si nos son gratificantes, nos dan la sensación de felicidad, bienestar o de alegría. Estos movimientos de traslación de esas sustancias químicas conocidas como neurotransmisores son los que obligan a reaccionar con emociones a todo ser humano frente a los estímulos de su medio ambiente.

Sin embargo, no todo lo que experimenta el animal pensante se reduce a un intrincado complejo de intercambios químicos neuronales de trasmisores cerebrales.

Lo que matiza y particulariza a las emociones causadas por el traslado de los neurotransmisores son los sentimientos que se experimentan y se desarrollan al mismo instante que se dan estas movilizaciones químicas.

Muy por el contrario que las emociones, los sentimientos son formados por el aprendizaje individual de cada ser humano y su almacenamiento queda como una experiencia vivida que se registra en la memoria y queda como un recuerdo aprendido.

Todo lo que nos rodea actúa como un estímulo sensorial que genera emociones que junto con los sentimientos se almacenan como respuestas matizadas de la afectividad personal en nuestro lóbulo temporal o región de la memoria.

Cada individuo aprende a reaccionar sentimentalmente con lo aprendido de su propia vivencia.

Es por eso por lo que cada uno siente a su muy particular manera todas las cosas que nos suceden.

Es en el aprendizaje donde la experiencia forja nuestra muy particular manera de matizar o vivenciar nuestras sensaciones, para darle sentido personal a los cambios químicos que producen las emociones.

En otras palabras, las emociones son movilizaciones de neurotransmisores que les son comunes a todas las especies y se dan en el cerebro.

En cambio, los sentimientos son forjados por las vivencias individuales que resultan del aprendizaje y la experiencia almacenada como nuestra memoria individual.

Las emociones y los sentimientos hacen que cada persona reaccione de una manera propia.

Los sentimientos individuales que han sido productos del aprendizaje hacen que la reacción emotiva de cada uno sea diferente a la de los otros, pese a que las movilizaciones químicas que producen las emociones sean comunes para todos.

Como ejemplo hipotético, si cogemos a cuatro hombres que quieran enamorarse y los ponemos frente a una mujer que también quisiera enamorarse; a lo mejor tres de ellos la ven en forma objetiva, pero sin sentimientos de por medio como una persona atractiva, pero solo uno de los cuatro acaba enamorándose de ella.

Lo que realmente sucedió en este ejemplo, es que los cuatro movilizaron químicamente a los neurotransmisores cerebrales de sus emociones, pero solo uno de ellos se involucró afectivamente con ella por sus sentimientos.

Cuando uno se enamora…

¿Realmente se enamora de la persona que se enamora?

Mientras estemos enamorados veremos al sujeto de quién nos enamoramos como lo máximo, lo más simpático, afable, agradable, correcto, maravilloso, responsable etc.

El enamoramiento es una ilusión que deforma la realidad.

Es una percepción distorsionada que se debe al fuerte sentimiento que tenemos y nos hace ver solo lo que queremos ver de quien estamos enamorados.

Enamorarse es una distorsión de la realidad, que genera un sentimiento profundo y de poca duración que obnubila la conciencia.

Lo que sucede en realidad es que con este fenómeno de ilusionarnos hacemos una proyección de nuestras propias necesidades en la persona de quien estamos enamorados.

Si queremos alguien bueno, lo veremos bueno. Si necesitamos alguien que nos de paz, lo veremos como la persona que nos dará la paz. Si queremos alegría lo veremos alegre etc.

Lo que sucede de verdad es que proyectamos todas nuestras necesidades para que sean llenadas por la persona que nos genera esa ilusión o distorsión de la realidad.

En otras palabras, no nos enamoramos de quién estamos enamorados, lo que hacemos es proyectar nuestras necesidades en esa persona para verla como nuestras necesidades lo quisieran ver.

Es la intensidad de nuestro sentimiento la que nos hace ver situaciones que en realidad no existen, pero que traducen nuestras necesidades proyectadas en la persona que nos las hace sentir.

Por esa razón es que muchas veces cuando la pareja se pelea y la unión se disuelve, una de las partes se pregunta: ¿Cómo pude ser tan ciega o ciego? ¿Cómo no pude darme cuenta de cómo era? Etc.

Lo que sucede es que nuestro sentimiento y nuestra proyección son los que han distorsionado la realidad y nos hicieron vivir una ilusión de una deseada realidad que está más llena de lo que necesitamos, que de aquello que encontramos en quien nos enamoramos.

El enamoramiento es una ilusión que se construye a base de nuestras necesidades.

Es un sentimiento intenso, profundo, pero de corta duración, que obnubila nuestra conciencia y nos gratifica tanto, que solo nos hace vivir fuertes sensaciones y emociones sin ninguna participación de la razón.

Supongamos que yo me enamoro de una prostituta que trabaja en una esquina. Me obsesiono de tal manera por ella que dejo de trabajar, abandono a mi familia y solo me paso escuchando música romántica para pensar en ella.

Mis amigos me dicen que estoy loco; que ella es una mujer de la calle, que nunca cambiará y que está acostumbrada a una mala vida y que tiene relaciones sexuales con muchos hombres.

A pesar de ser verdadera esta realidad, como estoy locamente enamorado de ella, no la veo como es en verdad y solo veo a la prostituta como si fuera una santa.

Mientras esté enamorado de esta prostituta por el sentimiento que distorsiona mi conciencia y me domina, no podré concebir que la prostituta sea una mujer diferente a la santa que me he imaginado que es.

Este es un ejemplo del enamoramiento abismal como una distorsión de la realidad.

El incontrolable enamoramiento que experimento es un sentimiento profundo, intenso y efímero, que me nubla la razón y solo me permite sentir, soñar y suspirar.

Amar es otra cosa.

Este es un sentimiento igualmente profundo, pero mucho más estable y mucho más duradero, que conlleva la participación del razonamiento en la aceptación de la persona que se ama tal como es y no como quisiéramos que sea.

Enamorarse es sentir, amar es sentir y razonar.

Amar es un sentimiento mucho más completo.

Volviendo al ejemplo de la prostituta; si después de razonar que es una prostituta, que nunca cambiará y a pesar de ello la acepto tal como es, entonces para mala suerte mía en este caso; la amaré.

Por eso es muy importante que sepamos las diferencias en el mundo afectivo.

Tenemos vivir con el amor expresado de todas sus maneras.

El mismo debe ser la meta suprema de nuestra vida.

Es por eso que se debe reconocer la diferencia entre enamorarse y amar.

Los sentimientos solo tienen su razón de ser si se los comparte.

El amor que no se dice es como el amor que no se tiene…