Opinión

Crisis Hidroeléctrica.

Mg. Lilian Alarcón Durán

Portoviejo/Manabí

 

El país se enfrenta a una crisis hidroeléctrica sin precedentes que unida a la inseguridad amenaza su estabilidad energética, desarrollo sostenible y la paz social.

Esta situación surge de una combinación de factores como la falta de inversión en el mantenimiento de la infraestructura, la dependencia excesiva de fuentes hidroeléctricas y los cambios climáticos; lo más grave, el sabotaje no esperado de quienes debieron cuidar de no llegar a este extremo de crisis, acto denunciado por el Presidente Noboa ante la fiscalía del estado. Es urgente q analicemos las causas de esta crisis, su impacto y propongamos caminos para superarla.

La crisis hidroeléctrica tiene raíces multifacéticas: La falta de inversión en mantener la infraestructura ha llevado a la obsolescencia de las plantas existentes y a una incapacidad para satisfacer la creciente demanda de energía. Además, la excesiva dependencia de fuentes hidroeléctricas expone al país a fluctuaciones en los niveles de agua, hoy casi en cero, exacerbadas por los cambios climáticos y fenómenos como El Niño.

Por lo que esta crisis tiene repercusiones significativas en diversos esferas de la economía y de la sociedad. Los apagones son cada vez más largos, afectando a industrias, comercios y hogares. Además, la inestabilidad energética a la que estamos expuestos obstaculiza el desarrollo económico y la inversión extranjera. A nivel medioambiental, la sobreexplotación de recursos hídricos amenaza los ecosistemas locales y la biodiversidad.

Para abordar esta momento álgido, es crucial adoptar un enfoque integral. A corto plazo, mano dura con los saboteadores enquistados en mandos medios, e implementar medidas para diversificar las fuentes de energía, incluyendo la promoción de energías renovables como la solar y eólica. Además, mejorar la eficiencia energética en todos los sectores ayudaría a reducir la demanda y mitigar los efectos de los apagones. A largo plazo, se requiere una inversión significativa en mantenimiento de la infraestructura eléctrica y tecnologías innovadoras para garantizar la sostenibilidad energética del país.

El gobierno tiene para ayer, un papel fundamental en la gestión de esta crisis, tanto en la formulación de políticas como en la asignación de recursos. Es necesario establecer un marco regulatorio claro que fomente la inversión privada en energías renovables y promueva la eficiencia energética. Además, la sociedad civil debe desempeñar un papel activo mediante la promoción de prácticas sostenibles y la participación en iniciativas de energía comunitaria.

Por lo que, esta crisis hidroeléctrica es un desafío complejo que requiere acciones concertadas a nivel gubernamental, empresarial y social. Al diversificar las fuentes de energía, mejorar la eficiencia y promover la innovación, el país puede superar esta crisis y avanzar hacia un futuro energético más sostenible y resiliente.