Opinión

Creí en Hugo Chávez y fue un error

Opinión de The New York Times en Español

Ahora es momento de rehacer Venezuela.

CARACAS — Hugo Chávez es la génesis de lo que sucede hoy en Venezuela. Lo digo como alguien que creyó en él y en sus promesas de una Venezuela mejor, más justa, menos corrupta. Pero la historia, veinte años después de que Chávez llegara al poder, demuestra lo equivocados que estábamos yo y muchos venezolanos que nos considerábamos chavistas, muchos de los que lo asesoraron, de los que lo defendimos y justificamos en privado y en público, de los que votamos por él.

Hoy, con Venezuela en ruinas, admito que fue un error pensar que con Chávez había llegado una izquierda democrática, con arrastre popular y sin taras a Venezuela. No llegó. En cambio, se instauraron los cimientos de un régimen autoritario, diseñado para beneficiar a unos cuantos y económicamente fallido. Esta dolorosa equivocación de tantos de nosotros es inobjetable; es palpable en el hambre de la gente, la represión contra los civiles que protestan, los registros de tortura a militares disidentes, las ejecuciones extrajudiciales, la malnutrición infantil y la prohibición de cualquier tipo de crítica u oposición.

Estos son los saldos del chavismo en el que una vez creí. Así que es hora de hacer algo que todos los chavistas podrían hacer, una decisión muy personal e increíblemente difícil pero quizás necesaria para poder sanar y avanzar: reconocer su error y entender el enorme daño que el proyecto de Chávez le ha hecho a Venezuela.

Creo que con una especie de redención colectiva podremos empezar a salir de la hecatombe que vivimos, recoger las piezas rotas para empezar de nuevo y reinstitucionalizar el país.

A inicios del siglo, muchos intelectuales, activistas y ciudadanos estábamos deseosos de encontrar alternativas al modelo neoliberal. Cuando llegó Chávez a la presidencia, democráticamente electo en 1999, algunos vimos en su Revolución bolivariana esa vía.

Como sabemos, no lo logró. Ya en 2009, era evidente que su estilo de liderazgo era nocivo porque generaba una dependencia estatal en su persona. Ningún presidente autodenominado de izquierda debe sustentar la institucionalidad del gobierno en el personalismo y el mesianismo. En ese año lo critiqué públicamente y comenzó mi gradual deslindamiento del chavismo.

Para 2013, cuando Chávez murió, buena parte de las instituciones —que en una democracia deben ser autónomas e independientes— dependían de él y sus designios. Fue Chávez quien eligió a su sucesor, Nicolás Maduro, quien ha terminado de dejar a Venezuela en una situación de crisis humanitaria.

El chavismo y su éxito se originaron de la indignación popular y de la necesidad de superar la corrupción de los gobiernos de los partidos que se habían alternado el poder por cuarenta años sin atender la profunda desigualdad del país. Pero ya en los últimos años de Chávez, la complicidad con la corrupción y la fuga de capitales —calculada en más de 400.000 millones de dólares entre los años 1999 y 2013— dejaron claro que su revolución había sido aún más corrupta que los cuarenta años anteriores a Chávez, del que se fugaron 70.000 millones de dólares.