Opinión

Cra, cra, cra…

Desde Lima, Perú, para LA NACIÓN de Guayaquil, Ecuador.

Jorge.alania@gmail.com

Jorge Alania Vera

 

 

 

Porque había visto “a los más grandes espíritus de su generación hambrientos, histéricos, desnudos” aulló- Howl- como un lobo en las noches resplandecientes de Norteamérica. Porque, aun niño, dejó a su madre en un asilo para enfermos mentales de Lakewood, escribió- Dreams of Love- los más lúcidos y bellos himnos a la locura. Porque sabía que la muerte “es el remedio con el que sueñan todos los cantantes” le aconsejó a Carl Salomón que lo tomara de un solo trago como quien bebe, ávido, el agua del Paraíso. Porque nunca entendió los misteriosos designios de Yhavé sobre la oscura tierra, rezó a gritos el Kadish “en el soleado pavimento del Greenwich Village”. Porque estuvo toda su vida enamorado del ruiseñor de Keats, clamó a los cuervos – cra, cra, cra- para que cuidaran la tumba de Naomí en el cementerio de Long Island.

Porque se adentró en “la oscuridad sobrenatural de los apartamentos” pudo ver ese resplandor que la divinidad ha reservado para los santos, los locos y los poetas. Porque conocía los estragos de la soledad -The burden of solitude- solía hablar sin respiro durante 70 horas “del parque a la taberna, al asilo, al museo, al puente de Brooklyn”. Porque se embarcó sin temor para “el viaje sin fin de Battery a Bronx sagrado” no temió subirse al tren de la muerte en la estación equivocada.. Porque sentía- The weight we carry- que el peso que llevamos es amor, jamás aligeró su carga ni se condolió de ella, pese a que cayó más de tres veces en el camino hacia su Gólgota particular levantado en el centro mismo de Manhattan. Porque llamó a su madre como yo llamo todos los días a la mía: “mi media vida bajo esa hierba”, quiero pedir por él hoy a Dios lo mismo que al guardián solitario de las lápidas: Porque quiso ver tu Visión y nunca se la diste, Jehová, acéptalo.